Billy Wilder, el infalible

El cine de Billy Wilder transpira su condición de clásico a cada minuto. A millones de espectadores, desde los años cincuenta, el nombre “Billy Wilder´s” les prometía un inolvidable film cada año. A cien de su nacimiento, su cine se ha convertido en uno de los cánones, el mejor expositor de toda una época de películas. Después de él ya no quedó dudas, si alguien las tuviera, que el guión lo era todo. Un éxito de taquilla está garantizado si logras una trama brillante y personajes únicos, así de fácil. El infalible Wilder ostenta entre su filmografía varios clásicos enormes de los que Hollywood nunca se cansa de estar orgulloso. Por eso, Fernando Trueba pudo llamarlo Dios y no sonó excesivo. Por el contrario muchos estuvieron de acuerdo.

Billy Wilder es el caso del guionista que toma el mando, insatisfecho con la interpretación que daban los directores a sus historias. Como director y siempre participando en el guión, Wilder se aseguró que todos los elementos se concentren en ejercer el poder de la narración. Incursionó con éxito en variedad de géneros, todos ellos tocados por su impecable sentido del humor y una suspicaz visión de la sociedad norteamericana. Sus tres clásicos más citados: “Some like it hot”, “The Apartment” y “Sunset Boulevard” son los ejercicios más sobresalientes del talento de Wilder al servicio de Hollywood.
Sunset Boulevard (1950)
Nació en Sucha (Austria) en 1906. Cuando Hiltler toma el poder, su ascendencia judía le obliga huir de Alemania. Su destino final es Estados Unidos, país cuya cultura le fascinaba. Anteriormente Wilder había enviado ideas a los estudios de Hollywood, hasta que es invitado a trabajar en un guión. El proyecto no llegó a concretarse pero consigue trabajo, como guionista y luego como director, en los estudios Paramount. Sus primeros trabajos recogen el impacto de los hechos recientemente ocurridos: la caída de Alemania, el repunte económico de Estados Unidos y el desencanto de la sociedad de post guerra. Sin caer en el pesimismo, por el contrario, sirviendo como eficaces productos de entretenimiento, a esta etapa pertenecen: “The Major and the Minor” (1942), “A Foreign Affair” (1948) y “Double Indemnity” (1944), film noir arquetípico que se inspira en la imaginería del capitalismo.

En los cincuenta su talento y popularidad se consolidaron. Adapta varios éxitos de Broadway que resultan grandes éxitos de taquilla por sus logradas tramas y la presencia de las divas del momento. Por ejemplo, Marilyn Monroe en “The Seven Year Itch” (1955) y “Some Like it Hot” (1959); y Audrey Hepburn en “Sabrina” (1954) y “Love in the Afternoon” (1957), que en parte deben su fama a la vitrina privilegiada que ofrecía el cine de Wilder. Por esos años aparecen en sus argumentos temas poco bienvenidos para la censura pero harto estimulante para las plateas: las relaciones sexuales, el amor adúltero, el alcoholismo y hasta el travestismo fingido en “Some Like it Hot”. Recurriendo a la sutileza y el humor, Wilder se las ingeniaba siempre para esquivar la tijera de los censores y salirse con la suya.

The Apartment (1960)
Tras la cámara el estilo de Wilder elige ser invisible y no distraer la atención del espectador. Planos correctos y amplios, moderación al mover la cámara. Un manejo visual objetivo, propio de las películas de los grandes sets, donde cada palabra, movimiento y reacción de los personajes está cuidadosamente planificado. Perfección tal que ha elevado a Wilder a los altares de la cinematografía. Pero, como nos cuenta el mismo Fernando Trueba en su Diccionario del Cine, Wilder respondió con humor al elogio. Llamó a Trueba y le dijo: “Hola, soy Dios. No debiste decir eso anoche. La gente se santigua al verme en las calles”.

Mucho se ha hablado y escrito de los clásicos “Some like it hot”, “The Apartment” y “Sunset Boulevard”. Frente a ellas sólo nos queda recomendar que las busquen si aún no las han visto. Adicionalmente sugiero esta lista de películas “menos” famosas, aunque el calificativo sea bastante relativo en este caso. Cada una de ellas ilustra una época o temática particular del cine de Billy Wilder.

Ace in the hole (“El gran carnaval”, 1951)
El Wilder más ácido y pesimista se manifiesta en este ataque al sensacionalismo de la prensa. Check Tatum (Kirk Douglas) es un ambicioso periodista, alcohólico y desprestigiado, que consigue trabajo en un modesto diario de provincia. Conoce el caso de un hombre que, después de un derrumbe, quedó atrapado en una cueva. Hábilmente Tatum explota la historia y logra la atención de la prensa sobre el caso y su persona, como intermediario único entre los medios y la víctima. Los periodistas son pintados como rapaces inescrupulosos en su necesidad de hacer girar las rotativas, mientras tanto el público, sediento de historias edificantes, disfruta del circo mientras espera que el hombre sea rescatado. En esta oscura cinta de Wilder notamos una incómoda analogía entre el consumidor de prensa truculenta y el asiduo al espectáculo del cine negro, quizá por eso la película resultó un fracaso comercial en su momento.


The seven year itch (“La tentación vive arriba”,1955)


Seis películas para no olvidar
Esta popular comedia dio a Hollywood una de sus imágenes más emblemáticas: Marilyn Monroe luciendo sus piernas en Cinemascope como consecuencia de un travieso aire. Curiosamente esta aparición, la más promocionada de la cinta, fue vetada por la censura por lo que no fue vista por sus primeros espectadores. De todas maneras, disfrutaron de una extraordinaria comedia que ha trascendido todas las épocas, con Marilyn o sin ella. Richard Sherman es un hombre casado que pasa un verano en soledad mientras su esposa e hijo salen de vacaciones. El escrupuloso pero imaginativo Sherman quiere portarse bien y pasar los días tranquilamente, hasta que conoce a su nueva vecina, la irresistible Monroe. Sherman padece el delicioso suplicio de mantenerse fiel frente a semejante tentación. Los monólogos más divertidos que ha escrito Billy Wilder: el superyo y el lado soñador de Sherman enfrentados constantemente, alejándolo o atrayéndolo hacia su vecina cada vez más enamorada de él. En esta película, Wilder desliza un comentario sobre la institución matrimonial de la época y su quebradizo anhelo de ser irrompible.

Witness of prosecution (“Testigo de cargo”, 1957)
“Ahora voy a hacer una película mejor que Hitchcock” dijo Wilder y llevó a la pantalla grande su propio drama judicial. Sir Wilfrid Robarts es un viejo abogado achacoso cuyo instinto de zorro lo obliga a tomar el caso de Leonard Vole. Un inventor de poca monta culpado del asesinato de una anciana solitaria y rica, a quien frecuentaba por amistad. A todas luces, la acusación parece injusta pero las circunstancias lo señalan como el primer sospechoso. Todo se complica cuando su esposa, la malvada Marlene Dietrich, declara en su contra. En pocas horas Robarts tiene que vérselas para salvar a su cliente de la horca. A pesar que todo está concentrado en el devenir de esta pieza de Agatha Christie, Wilder adereza la película con brillantes diálogos donde el humor se mezcla con la jerga de los abogados. Construye un personaje redondo, Wilfrid Robarts, sumamente perspicaz aunque próximo a su infarto final, perseguido siempre por su enfermera de quien escapa para fumarse sus puros.

Love in the afternoon (“Amor en la tarde”, 1957)
“Formidable comedia sobre las complicaciones en una relación. Maurice Chevalier es el mejor detective privado en París, la ciudad del amor. Su hija, Ariane (Audrey Hepburn), vive fascinada con el glamoroso mundo de los amores ilícitos que conoce al dedillo a través de los archivos de su padre. Un día Chevalier informa a un cliente que su esposa lo engaña con el magnate Frank Flannagan (Gary Cooper) y el hombre sale en su busca para matarlo. Ariane decide prevenir a Flannagan sin explicarle los motivos, dejándolo fascinado por el misterio. Aprovechando sus conocimientos de la vida de los playboys, Ariane conquista al mujeriego Frank haciéndole creer (y sufrir) que es un chica tan experimentada y calculadora como él. Atrevida para su época, en esta película Wilder critica la doble moral de una sociedad que entroniza la monogamia pero vive pendiente de los secretos de alcoba de los famosos. Previniendo problemas con la censura, imágenes de un bosque solitario aluden espléndidamente el encuentro sexual entre los amantes. Quizá para el público de hoy la diferencia de edades entre Cooper y Hepburn sea algo difícil de digerir pero, recuerden, eran los cincuentas. Ser un playboy tomaba sus años.

One, Two, Three (“Uno, dos, tres”, 1961)
Recibida fríamente por el público que el año anterior había gozado de una obra maestra, “The Apartment”, “One, Two, Three” es un comedia a toda velocidad escenificada en el corazón de la guerra fría, Berlín. Wilder ya había parodiado los roces entre yankies y comunistas en sus primeros trabajos como guionista. En esta película tenemos a un funcionario de la Coca Cola en Berlín Occidente, MacNamara, que recibe el encargo de vigilar a la hija del jefe en sus vacaciones por esa ciudad. La desobediente Scarlett sale a buscar novio al lado rojo, y reaparece con un mozalbete respondón y versado en Marx. MacNamara ve peligrar su puesto y mueve sus influencias para que apresen al muchacho. Cuando el asunto parece resuelto, Scarlett anuncia, ¡oh, horror!, que está embaraza del comunista. El ejecutivo sale en rescate del muchacho para casarlo con Scarlett y, de paso, ponerlo “presentable” en forma y contenido. Una comedia con ritmo frenético, actuaciones casi coreográficas y chistes coyunturales. Wilder se mofa de la rigidez de los rusos y la ambición maniática de los gringos, pero los primeros salen peor parados. Los rusos sucumben ante el cosquilleo del consumismo.Tristemente, el tiempo le dio la razón.

Kiss me, stupid (“Bésame tonto”, 1964)
Las relación entre maridos y esposas vuelve a ser el tema central de otra notable comedia que muchos calificaron de inmoral. No era para menos, con su humor particular Wilder juega con dos arquetipos antagónicos del imaginario masculino: la esposa y la puta. Con el fin de congraciarse con el famoso cantante Dino (Dean Martin), el profesor de piano Orville contrata a la prostituta Polly (Kim Novak), la hace pasar por su esposa y la entrega a su invitado, esperando verse beneficiado con la compra de sus canciones. Mientras tanto, Felicia, la esposa, expulsada de su casa con pretextos, se pega una borrachera en el bar libertino “El Ombligo” y termina durmiendo en el remolque de Polly, dando lugar a una divertida confusión de roles.

5 comentarios:

N.A.D.A. dijo...

Que se puede decir de Wilder que no hayas dicho, implacable, todos sus film brillantemente filmados; "Sunset Boulevard" una joya del retrato de los años dorados del cine, los actores olvidados y por otra parte los directores de la vieja escuela que se adaptaron, entre Thriller y Drama nostalgico una de sus tantos retratos contados con grandeza.

Saludos

Edge dijo...

Esa si que se llama cámara!

He vuelto...

SalU2
T.

Anónimo dijo...

A mi me encanta Wilder. Me falta ver alguna de sus pelis, pero más bien por falta de ediciones (en VHS o en DVD... o grabadas de la tele) que por falta de ganas.
Si me tuviera que quedar con sola una de sus películas sería con "Uno, dos, tres", me parece una de las comedias más inteligentes (por no decir la más inteligente) que he visto nunca y más teniendo en cuenta el transfondo político. Aunque puede que esta elección no sea objetiva, ya que descubrí a Wilder con esta película.
No quitaría ninguno de sus títulos. Sus grandes obras, son obras maestras, y obras consideradas menores, no las considero tales, simplemente... se esperaba más de él.
"El apartamento", "Con faldas y a lo loco", "La tentación vive arriba", "El crepúsculo de los Dioses"... son sus títulos más conocidos y reconocidos. Pero cómo olvidarnos de otros como "Traidor en el infierno", "Dias sin huella", "Perdición", "El gran carnaval"... títulos de temática "incómoda", pero... qué bien han aguantado el paso del tiempo.

Una reverencia allá donde estes, Billy "Dios" Wilder.

Oscar Pita-Grandi dijo...

Ligas Mayores. Eso es el tío.
saludos.

Anónimo dijo...

Me quedo con El apartamento. Pero hay que enfatizar un adjetivo con respecto a Wilder: inimitable. Sino miren el caso de Trueba, director de las peores comedias que se han filmado en España en los últimos veinte años.