El recién llegado se resiste, retuerce el lomo y muerde desesperadamente la correa, pero sigue siendo arrastrado. En la perrera, los ladridos son ensordecedores. Aviso: “todas las escenas aquí mostradas con reales, si alguna fuera amarga es porque el mundo a veces lo es”. Llegan por fin a la puerta del corral, con una patada en el culo el perro nuevo es lanzado adentro.
“Mondo Cane” (1962), “Este Perro Mundo”, resume en esta secuencia inicial su particular visión del paso del hombre por la Tierra. Nacemos para vivir cualquier destino, para padecer cualquier cultura, en este peludo mundo empachado de diversidad.
Este documental italiano de Gualtiero Jacopetti y Franco Prosperi mostró al público que un film sobre el mundo real podía ser tan divertido y perturbador como el más eficiente drama de ficción. “Mondo Cane” es un vistazo de lo excéntrica que puede ser la cultura alrededor del globo. Un narrador acompaña con irónicas y seudo antropológicas reflexiones, un desfile de secuencias: una tribu africana que cuando su ayuno ritual de cinco años concluye, deciden sacrificar (a garrotazos) a todos sus jabalíes para almorzárselos en un sólo día; episodios sobre exquisiteces culinarias como culebras, cocodrilos, huevos de mariposa, y, por supuesto, perro; una aldea de Malasia que vive en constante combate con los tiburones que han mutilado a todos sus pescadores, en venganza los capturan y les hacen tragar un molusco venenoso que los matará previa agonía; jóvenes de un pueblo de Italia que en Viernes Santo esparcen su propia sangre para marcar el camino de Cristo; una tribu de Oceanía que rinde culto a los aviones, como artefactos de fabricación divina.
La diversidad humana en religión, relaciones sociales, sexualidad, hábitos alimenticios y muerte tienen en “Mondo Cane” ejemplos muy particulares y, sobre todo, visualmente espectaculares. En una época, los sesentas, donde el mundo occidental tenía mucha menos conciencia de la “diversidad del mundo”, el estreno de “Mondo Cane” fue inmensamente popular. Pronto se objetó que varias secuencias habían sido teatralizadas y los directores admitieron que, por aquí o allá, algo de eso también había. Vista a la distancia, “Mondo Cane” no se toma más licencias que los documentales de hoy, pero se siente que estamos ante un ejercicio pionero. Las primeras construcciones del espectáculo de la realidad.
“Mondo Cane” es responsable de todo un espécimen de películas que tiene entre sus ejemplares más perversos a la infame “Faces of Death” (1978, “Caras de la Muerte”) y sus secuelas. Hablamos del “mondo”, documentales que presumen de mostrar algún tipo de material particularmente chocante y verídico. Gritan en sus afiches: "¡atrevete a ver esto!" Si bien “Mondo Cane” es mucho más elegante que sus discípulos, no se queda nada corta en materia de shock. Secuencias de maltrato animal (por no decir, asesinato) y un salpicado de sangre humana dan fe de su fama, pero su enfoque lúcido la distingue. El género “mondo”, por su parte, no heredó ni el sentido del humor ni mucho menos la reflexión sobre la condición humana de "Mondo Cane". El "mondo" pronto se concentró en filmaciones de accidentes fatales, torturas y muertes. Florecientes en la industria del video, las películas “mondo” usualmente eran señaladas como falsas y, muchas veces, lo eran. Sin embargo, pienso, quizá esto jugó a su favor: el público no dejó de consumirlas y para aliviarse cree que quizá todo ha sido escenificado.
“Mondo Cane” se adelantó en la idea de la dura verdad como espectáculo visual, hábito favorito de la televisión de hoy. La desnudez extrema no era la única aspiración de “Mondo Cane”, quería hacer también un detallado trabajo de la forma. Su uso de la fotografía, el montaje y la musicalización (fue nominada a un Oscar por mejor canción) son ejemplares. Cada secuencia debe la mitad de su impacto a la espléndida selección de planos y a la banda sonora. “Mondo Cane” es un triunfo de la sala de edición.
La obra posterior de Gualtiero Jacopetti y Franco Prosperi, que no estaban orgullosos del surgimiento del “mondo”, transitó por un camino todavía más polémico. Después de la secuela oficial “Mondo Cane 2” (1963) y “La Donna nel mondo” (1963, “Las Mujeres del Mundo”), Jacopetti y Prosperi concluyeron su colaboración con un par de películas que la censura internacional hubiera agradecido que nunca se hicieran: “Africa addio” (1966, “Adiós, África”) y “Addio zio Tom” (1971, “Adiós, Tío Tom”). La primera expone a África luego de independizarse de la colonización europea. Imágenes de matanza de animales, ejecuciones y limpiezas étnicas, levantaron gran revuelo. “Addio zio Tom” tampoco era precisamente una comedia familiar. Un documental ficcionalizado sobre el trato que recibían los esclavos negros en Estados Unidos durante el siglo XIX. Inspirada porobras literarias, como “La cabaña del Tio Tom”, y testimonios de la época, “Addio zio Tom” intenta ser el viaje de Jacopetti y Prosperi en el tiempo. Las brutales escenas de maltrato y muerte fueron suprimidas de inmediato por la censura, más de veinte minutos de metraje tuvieron que esperar la publicación en DVD para reintegrar a esta obra su fuerza original. En Estados Unidos, algunos piensan que su versión original debería ser proyectada en las escuelas.
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