El cachorro del gran gorila


Después de presenciar al gran gorila caer muerto desde lo más alto del Empire State, el público de "King Kong" (1933) salía del cine con una extraña sensación. La muerte del monstruo, la tranquilidad repuesta, también podía darte pena. Por si fuera poco, la película mostraba lo indecible: animales prehistóricos que además luchaban entre sí. Las masas reverenciaron al gigante Kong. El Hollywood de los treinta, ya experimentado en las posibilidades comerciales del cine, no perdía un segundo ni un dólar. Ocho meses después, con la mitad del presupuesto original, la RKO lanzó la secuela "The Son of Kong" (1933) y toneladas de pop corn saltaron de las ollas.

Mi comentario de hoy viene, en parte, con afecto por las secuelas. Casi siempre prescindibles, fallidas y descaradas, pero las vemos aunque sea para cerciorarnos que siguen siendo difusas como fotocopias. Culpables de escaso esfuerzo creativo, muy pocas se libran de caer en el merecido olvido. No hay credenciales que valgan, ni quisiera ser la continuación de un clásico eterno como "King Kong".

El segundo tiempo de la saga comienza pocos meses después de la muerte de Kong. Carl Denham, el cineasta aventurero que lo capturó y llevó a Nueva York, ahora vive agobiado por las deudas. Los afectados por los destrozos de Kong le reclaman jugosas reparaciones. Desesperado por escapar, pero sin perder el humor, Denham huye de su casa disfrazado de ropavejero y se reúne con Englehorn, el capitán del barco de la aventura. Juntos zarpan hacia las colonias holandesas en Oceanía para ganarse la vida transportando cargo. Luego de un tiempo, atracan en el remoto puerto de Darkang, donde encuentran a otro pillo en busca de guarida, Helstrom, el hombre que entregó a Denham los mapas de la isla de Kong. El desinformado Helstrom reclama una parte de las ganancias obtenidas con el simio, y Denham responde que le dará la mitad... de las deudas. Perseguido por la Ley y con urgencia de escapar, Helstrom les propone regresar a la isla de Kong donde, "ah, olvidé contarles aquella vez", se escondía un tesoro.

Preocupados porque en la anterior visita la mitad de los tripulantes terminó masticada por el gran gorila, la tripulación se revela y abandonan a los jefes en un bote frente a las costas de la hostil isla de Kong.

Los productores de "King Kong" sabían que su criatura estaba entre la ternura y el espanto. "The Son of Kong" quiere aprovecharse de la simpatía y identificación que sintió el público con Kong, utilizando esta vez un "monito" mucho más bonachón y apachurrable. El vástago del Rey es un gorila albino de apenas tres metros de alto, fiero frente al peligro pero con personalidad de perrito faldero. Denham lo encuentra atrapado por tierras movedizas, enternecido y sintiéndose culpable por lo ocurrido con su papá, lo salva acercándole un tronco. El alegre Baby Kong ve en Denham a su amo y le devuelve el favor luchando con un oso que aparece para importunar. El gorila queda herido y un solidario Denham le pone una vendita en un dedo. Seguramente a la salida del cine los peluches de Kong se vendieron muy bien.

Tristemente comprobamos que el pequeño Kong es todavía más desafortunado que su padre. Sin haber gozado de mujer humana en sus manos, Baby Kong tiene que vérselas con catástrofes de gran magnitud. Queda para la posteridad su emocionante lucha con un reptil, mediano nomás, a quien vence con la técnica rompe quijadas que aprendió de su papá.

Con las secuelas todos nos relajamos, comenzando por los guionistas. "The Son of Kong" está lleno de guiños, graciosos para un público que ya sabe a lo que va. En Darkang, el mono de un circo ambulante se sube a un árbol y su dueña pregunta a Deham si alguna vez atrapó alguno. Este le responde: "Claro, te sorprenderías". El film transcurre ágil repartiendo algunos chistes que a los personajes les inspira ser los únicos hombres blancos en ese mundo salvaje.

Una de las cosas que me parece más fascinante de la historia de Kong es la metáfora del encuentro, malentendido y tragedia entre dos mundos. En los años treinta, la gente vería con el mismo asombro de Denham (escopeta en mano) a una cultura radicalmente diferente a la suya, la tribu de la isla. En "The Son of Kong" después del violento contacto inicial, el arrepentido agresor intenta corregir su falta con un sobreviviente más "domesticado". Pero, como en la realidad, la paciencia no dura mucho. Cinco minutos después de curar al pequeño Kong, Denham le ordena que se largue cuando este sacude una palmera y caen los cocos. Look what you done, big dummy! (!Mira lo que hiciste, gran idiota!).


Cómo conseguirla
Otra rareza disponible en la Mula
(ya parece que le estoy
haciendo propaganda)
y, por suerte, con subtítulos en español.

3 comentarios:

Rosenrod dijo...

Aquí en España acaban de editar un "pack" que incluye toda la saga de películas originales (creo que son 3). Merced que hay que agradecerle a Mr. Jackson, como efecto colateral agradecible de su remake.

No he visto esta continuación, pero me ha despertado la curiosidad porque parece una de esas películas que, precisamente por su falta de pretensiones, acaban siendo amables. Eso sí, parece haber diseñada por unos astutos Lucas o Spielberg de los años 30: ¡carne de cañón para el merchandising!

Un abrazo

Dr. Strangelove dijo...

Sin duda visionar King Kong en 1933 tuvo que ser un impacto especial. Evidentemente ahora se antoja radicalmente distinto. Y como bien analiza, el trasfondo, la historia que hay detrás del gorila es lo que da más impresión.

Le visito cortesmente aceptando su invitación. Dado que soy tetófilo no tenía más remedio. Además me encuentro un lugar lleno de cinefilia, lo que añade más interés.

Le seguiré la pista.

Un saludo

K@t@pHr@ktOi dijo...

saludos, tuve la oportunida de verla hace un tiempo, la verdad me parecio una pela muy curiosa , tiene un cierto encanto infantil que la hace simpatica, eso sin desmerecer la trama algo discreta pero igualmente simpatica, menos el final claro.