La impura y la higiénica
escrito por
Andrés Mego
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(Agregado 5/03/2010) Pueden enterarse de qué se trata todo este lio con el reportaje elaborado por Jonathan Castro de La Mula. Abajo más detalles sobre la denuncia y una sospecha de por qué Pozzi-Escot se sigue saliendo con la suya.
Casi inmediatamente después de haberse hecho pública la denuncia contra la gestión irregular de Mario Pozzi-Escot, la oficina de imagen del Centro Cultural de San Marcos respondió mediante este comunicado:
Comisión Interventora desestima denuncias contra director de Cine y Televisión de San Marcos
Malversación de fondos por concepto de cursos y talleres, malversación de fondos de Caja Chica y maltrato verbal al personal, eran los cargos.
Para resolver esta situación, el Director General del Centro Cultural de San Marcos, Lic. Carlos Del Águila, conformó un Comité Interventor que investigó las mencionadas acusaciones mediante reuniones con los implicados y recabando información financiera de tres fuentes: caja única del Centro Cultural de San Marcos, la empresa Audiovisuales e Informática (productora asociada con la que se realizaban los cursos y talleres) y los mencionados trabajadores de Cine y Televisión.
El Comité llegó a las siguientes conclusiones:
- Respecto a la acusación de Malversación de Fondos por concepto de cursos y talleres, el Comité no encuentra documentación probatoria, de ambas partes involucradas (tanto denunciantes como denunciado), que acrediten la denuncia efectuada. Más aún si tomamos en cuenta el informe presentado por la empresa Audiovisuales e Informática en el que efectúa un balance económico y muestra conformidad. Sin embargo el Comité, sí encuentra responsabilidad administrativa, en el Sr. Mario Pozzi-Escot, en su calidad de Director del Área y del equipo de trabajo a su mando, debido al desorden existente en el manejo de las mencionadas cuentas.
- Respecto a la acusación de malversación de fondos de caja chica se manifestó que los rendimientos de la caja chica fueron presentados a la Dirección General del Centro Cultural de San Marcos con normalidad hasta el mes de junio de 2009, pasando la documentación presentada todos los controles y verificaciones, tanto del Centro Cultural de San Marcos como de la Dirección General de Administración sin haber sido observadas en algún momento. Se debe precisar que el cheque de caja chica de julio de 2009 de Cine y Televisión no ha sido cobrado.
- Los testimonios presentados por ambas partes sobre el tema del maltrato al personal no pueden ser confirmados; más aún no habiendo sido presentados en su debida oportunidad a los órganos correspondientes para tomar las medidas preventivas del caso.








9- Si una Comisión determina que una denuncia es falsa, como parece afirmar la nota de prensa del CCSM de manera nada convincente, los denunciantes deberían haber sido despedidos inmediatamente. Pero no, se les pidió en cambio que vuelvan a su oficina de origen y que todo sea armonía.
Y yo que comenzaba a sentirme insensible ante el shock cinematográficamente provocado. Un día me encuentro, un segundo después de los títulos en francés, con dos caballos fornicando. Desconcertante hardcore equino: la vulva palpitante de la yegua y un falo del tamaño que no te imaginas, mostrados con la cercanía de quien se complace con la cópula humana. Después de esta poderosa escena de amor bestial, no queda duda que “La bête” (La bestia, 1975) invoca, de entre más oscuros tabúes, a la zoofilia. Pero no se trata del vicio de tu vecina por el cunnilingus incansable de su perro, sino del asalto carnal que habría cometido King Kong contra la frágil Fay Wray, de haber tenido varios metros menos.
Mientras los códigos de censura decaían y los antihéroes reclamaban roles protagónicos, Bonnie y Clyde al fin perecían bajo un concierto de balas. Estados Unidos se volvió a enamorar de esta pareja de asaltantes bancarios, esta vez resucitados con la apostura de Warren Beatty y la belleza maliciosa de Faye Dunaway. Pero los serial killers no siempre fueron tan fotogénicos. Inspirada también en una pareja que hizo correr ríos de sangre y de tinta en el pasado, “Los asesinos de la luna de miel” (The Honeymoon Killers,1970) no estaba pensada para quienes gustaban del glamour de la violencia. Protagonizada por una mujer amargada que pesaba más de cien kilos y un latin lover fraudulento y angustiado por su calvicie, la película al principio no encontró más comprensión que la de aquellos que frecuentaban los cines de medianoche en busca de entretenimiento estridente.
Repentinamente me acordé de esas siete esferas gigantes con siete púas como cuernos: una bestia vaticinada en el Apocalipsis. No sé porqué la imagen se paseó por mi mente, pero la agarré de los pelos y traje de vuelta a una de las películas para adultos que más me impresionaron en mi niñez. La vi por televisión en una hora en que se suponía los niños dormían. Recuerdo que, además de ciertas escenas violentas, me impactó su fatalismo feroz. Cuando el Diablo quiere algo no hay quien lo pare. “Holocaust 2000” (1977) es una película apocalíptica hecha en un tiempo en el que era comercial anunciar el fin del mundo para el 2000, yo la vi bastante después cuando el mundo estaba una década más cerca a su final.
Jacopetti y Prosperi, aquel dúo de documentalistas italianos, habían dado vuelta al mundo buscando coloridas peculiaridades humanas para sorprender a una audiencia que poco imaginaba lo que podía ocurrir cruzando el Mediterráneo. En “Mondo Cane” (1962), su primer y mayor éxito, presentaron un estilo de documental mucho menos acomedido en conservar sereno a su público. Su cámara pretendía actuar como un sincero reportero gráfico de la crudeza de la naturaleza, pero eso sí, bellamente adornada con espléndida música y una fotografía excelsa. Frente a sus películas la indiferencia era imposible. Espectadores atacados por taquicardias y arcadas, las despreciaban con pasión. Otros quedaron culposamente fascinados ante la extrañeza que desafiaba a sus ojos. Para algunos de estos se creó después el “mondo”, la rama más torcida brotada del cine.
Orson Welles inició su carrera cinematográfica en la cima. A partir de ahí sólo le quedó descender por la pendiente impuesta por la antipatía hollywoodense contra este genio que no escupía monedas. Sus esfuerzos por completar otro film, a pesar de la permanente incomprensión de sus productores, tuvieron éxito por última vez con “F for Fake” (1974). Así como en su debut, su involuntaria despedida del cine también dio visos del futuro. “F for Fake” es una violación al género documental. Es un film sobre la falsificación y una película fraudulenta al mismo tiempo. Vestido de mago, ejecutando trucos ante unos niños, Welles nos promete que, durante una hora, no dirá ni una mentira en su relato sobre tres maestros del engaño.
¿Qué forma más elegante de homicidio que inducir a la víctima a encontrar la muerte por sí misma sólo para escapar de violentas alucinaciones? Un hombre engancha su sombrero en el perchero. Pero el sombrero salta de regreso a su cabeza y las formas de serpientes del perchero cobran vida para enganchar al hombre. Las lámparas también enloquecen e incendian la habitación. El hombre se libera pero preso del pánico se lanza por una ventana. Si tienes seis años y tu madre no puede explicarte bien cómo funcionan los “efectos especiales”, no hay forma de olvidar escenas como aquella. “El secreto de la pirámide” (1985), o “Young Sherlock Holmes”, intentó comenzar otra franquicia de cine para niños y adolescentes pero fracasó, y yo la vi sólo porque estaba en cartelera el domingo que me llevaron al cine. Pero después feliz habría ido a ver la secuela que nunca tuvo.
“Se lo advertí, estúpidos” (“I told you so. You dammed fools”) era el epitafio que había pensado para sí H.G. Wells, un escritor que narraba el futuro. Este padre de la Ciencia Ficción ya lo había imaginado todo: extraterrestres catastróficos, paseos en el Tiempo, colonialismo lunar, mártires de la Ciencia y pesadillas en las que la civilización humana se quiebra por el vicio de la guerra. Masas de lectores seguían sus historias y esperaban ansiosos que en la próxima entrega la sensatez y la Ciencia salven al hombre de otro colosal aprieto del mañana. Naturalmente, el cine del futuro se ocuparía de representar a su antojo los sueños del viejo Wells, pero el escritor pudo en una oportunidad involucrarse profundamente en la realización de una película: “Things to Come” (La vida futura, 1936). Adaptando su propia novela, Wells contó las noticias de años que por entonces parecían muy distantes y que ahora están por llegar.