El verdugo aterrado



En Lima, el Centro Cultural de España tenía una alternativa cada vez que la película programada no llegaba a tiempo. Cuando el público ingresaba a la sala, luego de una cola de dos cuadras, se encontraba con el cartel: “Lo sentimos, por razones de fuerza mayor en lugar de X proyectaremos “El Verdugo” (1963) de Luís García Berlanga”. Nadie se puede quejar en un cine gratuito, además, en vista de la espera, peor es irse sin película. Cuando me sucedió, anunciaban “Tango” de Carlos Saura, a la salida sentí que difícilmente el titular podía haber sido mejor que el suplente.

Desde luego, “El Verdugo” era una opción infalible para olvidar la decepción. Una de las comedias españolas más queridas de un director rebelde y erotómano, Luís García Berlanga, cineasta en la lista negra durante el franquismo y puesto después entre los más altos nombres del cine español. La realización de “El Verdugo” ya fue en sí misma un acto arriesgado. Hasta ahora se preguntan cómo pudo Berlanga salir adelante con un argumento así, en tiempos donde no estaba permitido mostrar una visión crítica, y menos aún, socarrona, de la realidad de España. “El Verdugo” es una agria comedia centrada en el empleo más oscuro de un Estado que aplica la pena de muerte: el encargado de, mediante el garrote vil, “ajustarle la bolilla al pescuezo más incivil”, en palabras de Javier Krahe. La primera en fijarse en ella fue, desde luego, la censura que le limó las uñas reduciéndole hasta 25 minutos de metraje. Aún así, “El Verdugo” obtuvo el reconocimiento del público cuando pasó la ventolera. Repuestos sus fragmentos recortados, hoy es uno de los mejores films españoles de todos los tiempos.

Escrita con Rafael Azcona, colaborador frecuente de Berlanga y guionista de varios clásicos, “El Verdugo” parte de la idea que hasta el propio ejecutor puede temblar de nervios a la hora de matar. José Luís es empleado de una funeraria, conoce a Don Amadeo, el verdugo, y a su hija Carmen, candidata a solterona por el lúgubre oficio de su padre. Como su empleo tampoco lo convierte en un buen partido, José Luís se acerca a Carmen, tanto que pronto es sorprendido por Don Amadeo con los pantalones abajo. De un momento a otro, se ve obligado a casarse y asumir el puesto de verdugo cuando Don Amadeo se jubile, es decir, inmediatamente. A regañadientes, José Luís acepta por el beneficio de recibir una vivienda del Estado. La idea de algún día ponerse detrás del garrote lo aterra constantemente. Hasta que llega una carta.

El momento más divertido de la cinta es el más dramático para el protagonista. Camino al patíbulo va tranquilamente el condenado, tras él, el verdugo, a punto de desmayarse, conducido por los carceleros. Recuerdo cómo todo el público se caía de risa. El humor de “El Verdugo” proviene del patetismo, de las frustraciones cotidianas, de la desesperanza de los personajes, ya bastante fastidiados por la pobreza y los prejuicios de clase. La desgracia ajena puede ser de lo más divertida. Quizá por eso a los críticos (oficiales) no les hacía gracia que “El Verdugo” ventile las desgracias de España: el desempleo, la falta de vivienda, la marginación. Cosas con las que los pobres vienen a molestar de vez en cuando y se ven tan mal en la pantalla.


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Latinoamérica es una gran película



Durante una semana y media en los agostos de invierno, los cinéfilos limeños vamos por la ciudad bastante más contentos porque se realiza el Festival Latinoamericano de Cine de Lima. No es para menos, aquel festival es una rareza en un país que nadie conoce precisamente por su cine. Por eso, es muy alentador que el Festival siga progresando y ya esté en su décima edición. Para mí, cada año tiene dos cosas interesantes: el verano y el festival. Es bueno ver cómo, por unos días, mucha más gente se entusiasma con eso de ver películas y opinar sobre ellas. Aunque, a decir verdad, tampoco importa si te interesa el cine el resto del año, el Festival se ha vuelto una de esas cosas que hay que hacer en Lima. Puedes ir hasta para encontrarte con tus amigos (por ahí alguno tiene que irse y te puede rematar sus entradas). Por algo "festival" parece venir de "fiesta".

La muestra más importante del Festival es, naturalmente, la Sección Oficial de Competencia. Este año participan veintiocho películas de nueve países latinoamericanos producidas este o el año pasado. Los espectadores con su voto otorgan el Premio del Público. Algunas coronadas en la ciudad de los reyes: en 1998, aplaudimos el verbo existencial de "Martín (Hache)", derramamos lagrimones de ternura con "El Hijo de la Novia" en el 2002, y hasta nuestro propio cine nos cautivó con "Pantaleón y las Visitadoras", en el 2000, aunque es cierto que la película tenía gancho para hacerse querer. La crítica otorga otro premio con ganadores radicalmente distintos, como sucede siempre. Otras muestras incluyen documentales en competencia, ciclos de homenaje, temáticos y las esperadas Presentaciones Especiales, películas seleccionadas del resto del mundo que nuestra cartelera siempre tarda en traer (o nunca trae). Este año el Festival incluye un muestra muy peculiar. Siendo México el país invitado, nos caen encima un puñado de películas mexicanas de ciencia ficción de los sesenta, que están para chuparse los dedos.

Aquí les comento algunos de los films que llevo viendo de las diferentes muestras. Credencial de Prensa en mano y empleo hiperflexible, el Festival de este año me dio mi mayor atracón de películas de la década.

De la Sección Oficial de Competencia

PERU: "Mariposa Negra" de Francisco Lombardi (2006)

No comprendo bien por qué esta pelicula ha decepcionado a tantos. ¿Esperaban algo mucho mejor de este director? ¿No les hará gracia que la protagonista se plantee, de buenas a primeras, matar a Vladimiro Montesinos? ¿Sentirán que el lesbianismo era lo último que se puede esperar en el varonil cine de Lombardi? A mi me pareció que "Mariposa Negra" no está mal. Los demás pueden tener razón y al mismo tiempo estar cayendo en el vicio de pensar que toda pelicula nacional es de dudosa calidad. Con raras excepciones, Lombardi era una de ellas. "Mariposa Negra" es la historia de Gabriela que se queda viuda de novio, un juez incorruptible, cuando este es asesinado por orden de Montesinos. Su afán de venganza arranca cuando lee en un diario chicha, la falsa noticia que el difunto era maricón y pedófilo. Se trata de la venganza de una mujer, sin poder, contra quien manejaba todo en el Perú. Es un objetivo delirante para una persona y peligrosamente ambicioso para una pelicula. Creíble o no, el plan de venganza progresa gracias a la obstinación y la trama avanza con buen ritmo. Nadie puede dejar de preguntarse como acabará esto: ¿se irá a la cama con Montesinos para apuñalarlo después? El suspenso funciona. Por momentos esa realidad, tan nuestra y sufrida, pertenece al mundo del cine.

BRASIL: "Cine, aspirinas y buitres" de Marcelo Gomes (2005)
Una de las mejores. Su interesante argumento lo es todo. Johann, un joven alemán que huye de la guerra en Europa, viaja por los pueblos más remotos del Brasil vendiendo aspirinas. Para promocionarlas utiliza otro artilugio no menos novedoso en aquellas regiones: el cine. Comerciales en celuloide que maravillan a todos y sostienen la errante subsistencia de Johann. Conoce a Ranulpho, otro desemparado probando suerte, se hacen amigos y copilotos en la camioneta Bayer. Si pensaste que un alemán podría librarse de la guerra vendiendo pastillitas en Brasil, te equivocas.

ARGENTINA: "Crónica de una Fuga" de Adrián Caetano (2006)
Es cierto que la historia de los desaparecidos durante la dictadura se ha contado varias veces. Esta película está tan bien narrada que vale la repetición. Indigna tanto como mantiene en suspenso. Unos jóvenes son secuestrados y llevados a una "casa de detención" donde son torturados. Pasan los meses y su situación se va poniendo cada vez más difícil. Caetano opta por no impactar demasiado con las torturas, a cambio profundiza en las tensiones de un grupo que debe sobrevivir en situaciones extremas. Logrados minutos finales. Cinco hombres corriendo por la calle completamente desnudos, y no tiene nada de gracioso.

ARGENTINA: "Derecho de Familia" de Daniel Burman (2005)
Daniel Burman vuelve a hablarnos del peso de la "Argentinidad" en su nueva pelicula. Daniel Hendler vuelve a protagonizarla con otro corte de pelo. En mi opinión, "Derecho de Familia" parece estar dormida en los laureles del "El abrazo partido". Se evocan las mismas angustias y emociones pero en diferente sujeto: Perelman, un abogado al que le va bien pero le va mal. No creo que la película sea mala, el estilo de Burman es entretenido y tiene sus buenos momentos pero cierta autocomplacencia incomoda de rato en rato.

ARGENTINA: "Fantasma" de Lisandro Alonso (2006)
Otro que se enamoró de su propia obra. Alonso parece haber filmado "Fantasma" con los carretes que le sobraron de "Los Muertos". Película innecesaria que ni siquiera puede alegar la incomprensión del público, que no tarda en levantarse de sus butacas, por cierto. El parco Argentino Vargas, personaje central de la muy aplaudida"Los Muertos", pero en contexto urbano. Alonso lo exhibe matando el rato al interior de un gran cine-teatro donde, fíjense la coincidencia, se proyecta "Los Muertos". Después de vagar por pasillos, baños y salones, Argentino termina en la sala de proyección donde se ve a sí mismo en la pantalla.

ARGENTINA: “El Buen Destino” de Leonor Benedetto (2005)En una Argentina en crisis, en un pueblo al costado de la autopista, cinco hombres gastan las sillas del bar “El Buen Destino” para lamerse las heridas de su frustración. Film inconsistente y disperso, con variedad de personajes y situaciones, algunas intentan ser cómicas, otras dramáticas, otras de protesta. El escenario de un bar se presta, lamentablemente en este caso, para la verborrea y el insulto entre estos amigos de los lugares comunes. Federico Luppi interpreta un rol para el que ni siquiera tendría que leer el guión: el profesor socialista que carga con el presente estoicamente.

CHILE: "Se arrienda" de Alberto Fuguet (2005)
La debut de un escritor, Alberto Fuguet, que siempre soñó con hacer cine. En su primera película muestra que todavía tiene los hábitos de su otro oficio. Gastón es un chileno treintañero, músico, con talento según sus amigos, que pasa por una crisis de frustración y amargura con la vida. Resignado al fracaso artístico acepta trabajar en una inmobiliaria. Sostenida en los diálogos y en la velocidad de los hechos, la película va bien hasta cierto punto. Pero la trama se va estancando para resolverse con una larga escena de diálogo, bastante anticlimática y poco inspirada, entre dos chilenoparlantes, a veces difíciles de entender.

CHILE: "Dias de Campo" de Raoul Ruiz (2004)
Maravillosa película. De seguro una de las que más recordaré de este Festival. Antes de entrar a la sala recordé la pesadez que me llevé de "La Comedia de la Inocencia" (2000), la única que había visto de este reputado director. Nada que ver. La película me transmitió la misma sensación de las grandes novelas de José Donoso, aquel mundo lleno de soledad, gloria perdida y vejez. "Dias de campo" es la historia de Don Federico, viejo escritor en un Chile de inicios del siglo XX, o quizá después, es difícil saberlo en una película donde el tiempo es tan escurridizo como la memoria de un hombre. Don Federico tiene un proyecto de novela casi tan viejo como él. Surrealista y divertida y profunda todo eso filmado en lo que me parece un video digital bastante económico.

CHILE: "En la cama" de Matías Bize (2005)
“En la cama” es una nueva aproximación del cine chileno al tema del sexo pero esta vez desde un punto de vista más personal y con economía de recursos. Bize se plantea una meta ambiciosa: un largometraje sostenido en la interacción de una pareja encerrada en una habitación. Bruno (Gonzalo Valenzuela) y Daniela (Blanca Lewin) se conocen en una discoteca y deciden pasar la noche en un motel. Si bien la idea funciona en las sinopsis, en la práctica “En la cama” recurre más de una vez a ingredientes predecibles para justificar su duración. Dando la impresión de “tiempo real” y filmada en video digital para mayor ilusión de realismo, la noche de amor ilícito de “En la cama” incluye frases ingeniosas, peleas (verbales y de almohadazos), carnales reconciliaciones y hasta un número musical. Es decir, maneras entretenidas para animar los tiempos muertos entre cada acto sexual, con la consiguiente exposición de cuerpos desnudos y contorsiones de sexo simulado. Sin embargo, en este caso el sexo es mostrado con naturalidad. Los dos actores hacen un buen trabajo frente a un guión que les exige, además de escenas de cama, interpretar las emociones contradictorias que puede conllevar este tipo de encuentros. Pero al final de cuentas, “En la cama” deja la sensación de ser una cinta dispersa, si bien es llevadera no trasciende lo anecdótico. Al parecer tampoco pretende hacerlo, satisfecha con ser un exposición realista, aunque algo adornada, de la intimidad de los desconocidos.

MEXICO: "Sangre" de Amat Escalante (2005)
Opera prima muy interesante. Parte del público, despistado por la reseña del programa quizá, le tuvo muy poca paciencia. Pero, pienso, que su lentitud, casi estática por momentos, grafica de maravillas esta historia de embrutecimiento rutinario. Puede ser hasta agresivo para el espectador esta minuciosa exposición de la vida de un hombre hundido en el tedio, la cobardía y la pobreza. Diego trabaja contando el número de personas que entra a un edificio del Estado. Lo hace presionando un botón cada vez que alguien pasa. De plano en plano, uniendo tiempos muertos, Escalante cuenta una historia de deshumanización.

MEXICO: "Mezcal" de Ignacio Ortiz (2005)
Una película que se esfuerza por ser profunda pero, a mi parecer, resulta impostada con su seudo poesía "real maravillosa" de torpes ambiciones comerciales. Viejitos alcohólicos, venganzas familiares, amores fracasados, vidas desoladas, vírgenes milagreras, la ira de los dioses... todo entre trago y trago de mezcal. La tequila ya es demasiado conocida, el mezcal disfruta con esta película publicidad de dudosa calidad.


URUGUAY: "La Perrera" de Manolo Nieto (2005)
Interesante película. Quizá su duración se excede injustificadamente. David es un joven de un pueblo de Uruguay que se pasa la vida fumando marihuana y trabajando perezosamente en la construcción de su casa. Nunca la idea de "construir" resultó tan poco "edificante" como en esta historia. En conexión con el estilo de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, quienes produjeron esta película, "La Perrera" hace de la monotonía objeto de humor y reflexión. Pero, tal vez, al debut de Manolo Nieto le faltó más rigor y menos contemplación.

De la muestra "El futuro más acá: cine mexicano de ciencia ficción"

Solo pude ver estas dos, pero la lista incluía títulos que sonaban tan deliciosos como: "Arañas infernales"(1966) , "La Momia Azteca Vs. El Robot Humano" (1957), "La Nave de los Monstruos" (1959) y "El Sexo Fuerte" (1945). El programa decía que parodian escenarios y guiones hollywoodenses, pero no creo que sea tan cierto. Estas películas juguetonas tienen más de ilusión, torpeza y pobreza de presupuesto, que ínfulas de parodiar a alguien. Por el contrario, parecen reclamar un Hollywood pero a la mexicana. Admitámoslo: han sido desempolvadas para diversión de cinéfilos melenudos. Sea como fuera, estos muertos han vuelto a la vida.

"El Planeta de las Mujeres Invasoras" (1965) de Alfredo Crevenna

Llega a México una misión de habitantes del planeta Sibila: mujeres bien proporcionadas con minifaldas planteada (hasta las nalgas), sombrerito en punta y guantes dorados. Desplazamientos y dicción de concursante a reina de belleza. Necesitan encontrar una manera de respirar en nuestro planeta (una vez lo logren, piensan invadirlo, claro está). Para ello secuestran a un grupo de personas que ingresó a su nave en un parque de diversiones ("Viaje a la Luna x un peso"). En Sibila, sus bellas cirujanas experimentarán con el trasplante de pulmones extraterrestre. Un valiente y apuesto científico, Daniel Wolf, y su asistente, el chaparro y parlanchín, Tachito, viajan a Sibila para vérselas con las misses malvadas. Buenos chistes involuntarios: utilería de papel aluminio, platillos voladores que caben en una mano, diálogos de lo más ingenuos, y otros a adrede: los remates coloquiales de Tachito.

"Santo contra la Invasión de los Marcianos" (1966) de Alfredo Crevenna

!Mi primera película del Santo! El cachascanista de máscara plateada y panza fortachona que es todo un personaje de culto en México. Tanto que Hollywood ya le rinde tributo en la reciente "Nacho Libre" (2006). El Santo hizo infinidad de películas, luchó contra zombies, vampiros y mutantes, y eso sin contar la infinidad de humanos que puso en la lona. Poseedor de una moral de hierro y un espíritu protector, Santo utiliza la lucha libre para poner las cosas en su sitio. Y siempre en el anonimato: la máscara no se la saca ni para visitar a su mamá. En esta ocasión desarma una invasión de marcianos en el DF. Valga señalar que estos extraterrestres son bastante particulares. Hombres: destacada musculatura, tapa rabo y accesorios dorados. Mujeres: maniquíes carnosos con peinados de telenovela. Eligieron México para imponer una mejor conducta al ser humano. Interrumpen a un cantante de rancheras para dar su mensaje por televisión. Nadie les hace caso. Los marcianos no tardan en usar sus rayos desintegradores contra esta especie incorregible. Pronto se toparán con Santo y verán que en este planeta no todos son debiluchos. Ahora el objetivo es secuestrarlo y llevarlo a Marte para hacerle estudios detallados. La película está repleta de secuencias de lucha, los marcianos también son versados en lucha libre y todas las diferencias se resuelven en el ring. A esto se suma: chichas lindas de pocas palabras y un guión de lo más disparatado, aunque quiza algo tedioso, para mi gusto, en las escenas de lucha. Santo no se la lleva fácil, más de una vez lo ponen al borde de su fuerza, hasta le quitan la máscara (pero tenía otra puesta debajo).

Para ver la lista completa de las películas que participaron en todas las muestras visitar: http://www.festivalelcine.pucp.edu.pe/

Ganadoras

Premio Elcine del Público:
"Crónica de una fuga" de Israel Adrían Caetano (Argentina)

Premio de la Crítica Internacional:
"Días de Campo" de Raúl Ruiz (Chile)

Mejor Película de Ficción:
"El custodio" de Rodrigo Moreno (Argentina)

Mejor Actriz:
Lilian Taublib, por "Crimen delicado" (Brasil)
Blanca Lewin, por "En la cama", de Matías Bize (Chile)

Mejor Actor:
Julio Chávez por "El custodio" (Argentina)

Mejor Guión:
Gabriel Díaz por "En la cama" (Chile)

Mejor Fotografía:
Sergei Saldívar Tanaka, por "Mezcal" de Ignacio Ortiz (México)

Premio a la Mejor Ópera Prima:
"Cinema, aspirinas y buitres" de Marcelo Gómes (Brasil)

Mejor Documental:
"Arcana" de Cristóbal Vicente (Chile)

Película peruana más votada por el público:
"Madeinusa" de Claudia Llosa

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Billy Wilder, el infalible




El cine de Billy Wilder transpira su condición de clásico a cada minuto. A millones de espectadores, desde los años cincuenta, el nombre “Billy Wilder´s” les prometía un inolvidable film cada año. A cien de su nacimiento, su cine se ha convertido en uno de los cánones, el mejor expositor de toda una época de películas. Después de él ya no quedó dudas, si alguien las tuviera, que el guión lo era todo. Un éxito de taquilla está garantizado si logras una trama brillante y personajes únicos, así de fácil. El infalible Wilder ostenta entre su filmografía varios clásicos enormes de los que Hollywood nunca se cansa de estar orgulloso. Por eso, Fernando Trueba pudo llamarlo Dios y no sonó excesivo. Por el contrario muchos estuvieron de acuerdo.

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Así en el mar como en la tierra



No hay venganza más apasionadamente irracional como la de un hombre contra un animal. Quizá por eso el capitán Ahab perseguía con locura vehemente a la ballena Moby Dick. Si nuestro mayor enemigo no es humano, olvidemos lo que nos queda de razón a cambio de furia. Quién va de cacería debe convertirse en una fiera.

El capitán Steve Zissou, después de toda una vida haciendo documentales sobre los seres acuáticos, se ha topado con un adversario tenaz en el fondo del mar. Se trata de un “tiburón jaguar”, un ejemplar único de una especie desconocida y probablemente en vías de extinción, pero al fin de cuentas condenada por haber asesinado al mejor amigo del capitán. Así pues, impulsado por el deseo de venganza, Steve Zissou se embarca en su última expedición tras la misteriosa bestia. Pero, como gran amante de los seres marinos, primero intentará registrarlo en video para luego aniquilarlo con dinamita.

Steve Zissou (Bill Murray) es una suerte de Jacques Cousteau venido a menos. En el pasado fue una celebridad, una marca registrada, gracias a los documentales que realizó en sus años dorados. Sin embargo, hoy sus trabajos mediocres no cuentan con el mismo interés. En la búsqueda del “tiburón jaguar” ve la posibilidad de recuperar la atención y el respeto perdidos, y de paso vengar la muerte de su amigo. Durante la travesía pasa por mil peripecias en compañía de una tripulación de lo más pintoresca (con un irreconocible Willem Dafoe, en el papel de un marinero-camarógrafo, eslavo y pleitista). Se encuentra con Ned (Owen Wilson), presunto hijo de Zissou, y resiste el ataque de unos piratas filipinos.

“The Life Aquatic with Steve Zissou” (2005) es la última película de Wes Anderson, un joven director independiente norteamericano de la misma generación de John Thomas Anderson y Todd Solondz. Su película anterior, la excelente "The Royal Tenenbaums” (2001), recibió buena atención de la crítica y hasta una nominación al Oscar por mejor guión. Aquí Anderson retrata a una familia disfuncional donde hay una profunda enemistad entre el padre y los hijos. Sin caer en el mal gusto, Anderson logra hacer comedia con material que bien podría servir para varios dramas: el suicidio, el incesto, los traumas infantiles.

El humor de Wes Anderson es muy peculiar, apunta siempre al punto intermedio entre la carcajada y el llanto. Por momentos, el patetismo de sus personajes es tan extremo que no puede ser más que una buena broma, pero otras veces nos parece que realmente sufren pero igual nos reírnos aunque con una pizca de culpa. Es la clásica contradicción del humor negro. Deseamos torturar a la víctima pero no hasta matarla porque en el fondo nos cae simpática. Esto ocurre en muchas series cómicas y en los dibujos animados más mordaces. Y el cine de Wes Anderson tiene algo de tira cómica, de cartoon para adultos. En esta película, como en “Los excéntricos Tenembaums”, los protagonistas son caricaturas. Tenemos personajes que se definen rápidamente por una conducta obsesiva, la carencia de afecto, la pasividad extrema, la neurosis, o simplemente por una manera de vestir o un tic nervioso. Pero ninguno de estos detalles es sutil, por el contrario son subrayados una y otra vez para demostrar que cada quién carga con la cruz de sus propias excentricidades, para deleite de la platea, desde luego.

Sin embargo, a pesar de ser una propuesta de calidad, “Vida Acuática” falla por momentos en el desarrollo argumental. El inicio promete una trama interesante, la captura del “tiburón jaguar”, pero pronto lo que parecía ser el asunto principal resulta ser una más de las tantas ramificaciones. En su afán lúdico la película introduce escenas de diversa factura, inclusive una discordante secuencia de acción. Wes Anderson juega a forzar las convenciones, exagera su humor áspero, hasta llegar a planear situaciones que ya no resultan graciosas sino simplemente estrambóticas. Algo así como contarnos el chiste interno de un grupo de amigos al que no pertenecemos, y esperar matarnos de risa.

Al final de cuentas, “Vida Acuática” divierte más a partir de la sorpresa y el detalle, y no tanto con chistes efectivos. Más gracioso resulta ver el rostro impasible de Bill Murray que las frases de Owen Wilson. Más ingeniosas son las versiones en portugués de las canciones de David Bowie, que un marinero toca en varios momentos de la película, que la batalla a balazos entre la tripulación y los piratas.

En la puesta en escena, “Vida Acuática” parece tener alguna inspiración de “E la nave va" (1983) de Federico Fellini. El italiano ideó una comedia coral a bordo de un barco, a su vez tripulado por una sarta de locos. Tanto para Fellini como para Anderson, el barco no es un medio de transporte sino una pecera para la exhibición de las criaturas que contiene. Mientras el capitán Steve Zissou hace documentales sobre la vida de las malaguas, Wes Anderson hace lo mismo con él y su tripulación. El científico convertido en rata de laboratorio.

Otra semejanza interesante es que ambas películas llevan una envoltura de artificialidad. Fellini llega al extremo de revelarnos que dicho barco no sólo nunca ha zarpado sino que es una embarcación de utilería en un set de cine. Aunque Wes Anderson no lo afirma abiertamente, desde el principio notamos que a bordo del Bellafonte todo delata artificio. En este tipo de películas se establece un acuerdo con el espectador para que acepte que estamos en un mundo de cartón pues es la escenografía que esta comedia necesita. Si Fellini utilizaba láminas de plásticos para representar el mar, Wes Anderson, más sofisticado gracias a la tecnología, emplea animaciones en 3D para representar especies marinas. Recursos ambos al servicio de crear mundos irrealidades.


Cómo conseguirla

A diferencia de las últimas peliculas comentadas, esta la vi
en DVD. Tiene uno de los menus de presentación más hermosos
que he visto. Los compartimientos del Belafonte representan las
secciones del disco. Por lo demás, incluye comentarios
y alguno que otro extra. Nada de otro mundo.

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Sweet Sweetback's Baadasssss Song


Más molesto que inspirado, el director Melvin Van Peebles realizó una película infame. Harto del cine oficial, donde los negros eran apariciones sospechosas o, por lo menos, pintorescas; Van Peebles le mostró el dedo a los estudios con una suerte de western funky, protagonizado por el primer héroe negro del cine: el prostituto Sweetback. Dotado por natura con un pene de gran tamaño, codiciado en el mundo prostibulario por su talento para dar orgasmos, Sweetback no se duerme en sus laureles y distingue de qué color son los opresores y los oprimidos.

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El cachorro del gran gorila


Después de presenciar al gran gorila caer muerto desde lo más alto del Empire State, el público de "King Kong" (1933) salía del cine con una extraña sensación. La muerte del monstruo, la tranquilidad repuesta, también podía darte pena. Por si fuera poco, la película mostraba lo indecible: animales prehistóricos que además luchaban entre sí. Las masas reverenciaron al gigante Kong. El Hollywood de los treinta, ya experimentado en las posibilidades comerciales del cine, no perdía un segundo ni un dólar. Ocho meses después, con la mitad del presupuesto original, la RKO lanzó la secuela "The Son of Kong" (1933) y toneladas de pop corn saltaron de las ollas.

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La estrategia del caracol


Un día el director Sergio Cabrera encontró en el diario una noticia que fuera de Latinoamérica habría sido insólita. Una orden de desalojo demoró tanto en gestionarse que cuando las autoridades pudieron por fin efectuarla se dieron con la sorpresa que el edificio en cuestión, y sus ocupantes, habían desaparecido. Este hecho sirvió de inspiración para la película colombiana "La Estrategia del Caracol" (1993), uno de los films latinoamericanos más interesantes de la década pasada.

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This is Spinal Tap: rock cliché


La banda británica de heavy metal Spinal Tap sale de gira por Estados Unidos. Acaban de lanzar su último disco, "Smell the Glove " (huele el guante) y enfrentan problemas de censura con la portada: una mujer desnuda y en cadenas siendo abofeteada con un guante. El director de comerciales Marty DiBergi se une a la gira para hacer un rockumentary que, sin proponérselo, registrará la gran pérdida de popularidad de la banda. Aunque felizmente descubren que todavía tienen muchos fans en Japón.

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La destrucción de la carne


"Johnny got his gun" (1971) de Dalton Trumbo se salvó del olvido de la manera más inesperada. A finales de los ochenta, la banda Metallica graba una canción, "One", inspirada en esta historia y, para mayores señas, en el video clip incluye pasajes de la película. Toda una generación de adolescentes metaleros toma nota y a "Johnny tomó su fusil" lo condecoran "film de culto". No podía ser para menos, siendo el protagonista un soldado que ha perdido los brazos, las piernas, el oído y la vista. Una masa humana pensante.

La idea es perturbadora y, en teoría, posible. Sobrevivir con el mínimo de órganos vitales y encerrado en uno mismo. ¿Qué circunstancia nos puede llevar a semejante desgracia? Una guerra, naturalmente. La combinación de ambos elementos dio como resultado uno de los films antibélicos más feroces que se hayan rodado.

Basado en una novela de Trumbo, un libro casi subterráneo publicado en un momento tenso, poco antes de Pearl Harbour, el film estuvo cerca de ser dirigido nada menos que por Luis Buñuel. En los sesenta, el español estuvo interesado en llevarla al cine y hasta tenía el guión escrito. Pero Dalton Trumbo, guionista de "Espartaco", "Gun Grazy" y "Papillon" entre muchas otras, decidió debutar como director adaptando su propio libro. Nunca sabremos que habría sido de un argumento así en manos de Buñuel, probablemente Metallica no lo habría entendido.

El soldado norteamericano Joe queda terriblemente lisiado al pisar una mina durante la Primera Guerra Mundial. En la sala de operaciones, los médicos lo dan por vegetal y deciden conservarlo con fines educativos. Joe pasa las horas dopado y su rostro desfigurado está siempre cubierto. Paulatinamente, se va haciendo consciente de su horrorosa condición. Su mente despierta sólo para descubrir que ya no posee lengua, sus ojos se han ido y no es capaz de percibir sonidos, sólo vibraciones. Al principio tiene la certeza que se trata de un sueño, una pesadilla de trance al más allá. "Nadie puede estar vivo así. Esto tiene que ser un sueño" se dice. Los días pasan y las enfermeras, con las que es incapaz de comunicarse, no hacen más que inyectarle calmantes. En los momentos de lucidez, Joe intenta desesperadamente hacer contacto con el mundo exterior. Pero sus recursos son limitados, sólo puede mover la cabeza, para las enfermeras esa es la señal para aplicarle otra dosis.

Como vemos "Johnny got his gun" está llena de escenas muy potentes sin necesidad que el cuerpo mutilado de Joe sea mostrado. Sin embargo, por momentos el guión cae peligrosamente en lo alegórico por encima de lo narrativo. Ya de por sí la extrema situación de Joe puede verse como una metáfora bastante elocuente, aún así el director enfatiza algunas ideas para afilar su protesta contra la religión y el equivocado patriotismo, cómplices en conseguir más carne de cañón. Ronda también la pregunta de si es justo conservar la vida de un hombre despojado de su cuerpo.

Las drogas sumergen a Joe en una marea de recuerdos y alucinaciones. Se ve en la infancia cuando su padre le dijo que lo mejor que tenía en el mundo era una caña de pescar. Se ve con su novia, justo antes de alistarse en el ejercicio, pasando su primera noche juntos . Piensa en el sermón del sacerdote diciendo que el hombre no es carne, solamente espíritu. Y frente a la condición de Joe esta sentencia se vuelve una patraña embustera. Sueña siendo exhibido como un fenómeno por sus propios padres. Su voz llora y grita dentro de su mente, remotas sensaciones del mundo exterior comienzan a llegar, puede sentir la luz de sol cayendo solo él, aprende a diferenciar el día de la noche por la llegada de la enfermera y cuenta un año. Hasta que un día, después de un gran esfuerzo, logra hacerle saber que está consciente, que es un hombre muerto viviente.


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La joven de la perla: pintura en movimiento



De vuelta a las salas de cine. Ayer fue el estreno mundial del remake de “La profecía” y quizá la habría preferido si la entrada hubiera costado igual a cualquier otra en un día Martes. De todas maneras tuve que hacer una larga cola con los espectadores entusiasmados con verla justo el 6/6/06. Compré mi ticket para “La Joven de la Perla” y fuimos pocos en la sala, pero creo que salimos ganando. Por lo menos no tendremos mala suerte.

Sospecho que nuestros timoratos distribuidores pusieron ojo en “The girl with the pearl earring” (2003) por que la protagonista es Scarlett Johansson, una actriz de moda que dejó suspirando a tantos limeños, hace poco cuando fue vista en “Match Point”. Por la razón que fuera, se agradece que “La joven de la perla” esté en nuestras salas, una buena película que además necesita ser vista en 35 milímetros para máximo placer.

“La Joven de la Perla” de Peter Webber fantasea alrededor de la creación de una famosa pintura, el cuadro del mismo nombre del holandés Johannes Vermeer. Griet (Scarlett Johansson) es una adolescente que, cuando su familia cae en la miseria, se ve obligada a trabajar de sirvienta en la casa del pintor (Colin Firth). Como al parecer las labores domésticas eran más arduas en el siglo XVII y las relaciones entre pobres y ricos mucho menos cordiales, la pobre Griet saca y le sacan la mugre día y noche. Un día Vermeer se fija en ella y le permite ingresar a su taller, y de paso le pide que limpie un poco. Un día Van Ruijven, el mecenas de quien depende para vivir de su arte y mantener a su extensa familia, quiere ser retratado junto con la tímida Griet para que sea más fácil “soportar largas horas inmóvil”, pero todos saben que su interés es más carnal que artístico. Preocupado por Griet, Vermeer se niega y decide pintarla sólo a ella. La realización de esta obra tendrá dramáticas consecuencias para ambos.

Como no podía ser de otra forma, la lograda fotografía de "La Joven de la Perla" se inspira en las pinturas de Vermeer donde una luz cálida entra por las ventanas a los ambientes casi en penumbras. La película tiene momentos de tal delicadeza en el tratamiento del color y la luz que se aprecian como cuadros en movimiento. A esto se suma una ambientación de la Holanda del siglo XVII que no pierde cuidado en los detalles de vestuario y escenografía.

El guión, basado en una novela, se libra desde el primer momento de caer en cualquier romanticismo en la relación de Vermeer y Griet. Si bien los hechos que cuenta son pura imaginación, pues se sabe muy poco de la vida de Vermeer, se optó por el realismo y la historia pone énfasis en mostrar lo rígido y asfixiante que eran las diferencias de clases en aquella época. Esta presión dirige la conducta de las personajes: Vermeer sabe que no conviene ni siquiera hablar con una sirvienta y Griet desconfía de todo para prevenir los abusos. Al mismo tiempo, la película postula la idea que una obra maestra es resultado de una ruptura, así sea en pequeña escala es un acto arriesgado. En la película, Vermeer trabaja siempre por encargo hasta que, a pesar de la desaprobación de su familia, pinta a Griet y realiza un cuadro memorable.

Tal vez quienes desean otro bocado de la sensualidad que Scarlett Johansson mostró en "Match Point", quedarán algo insatisfechos con esta película. Su personaje está en el polo opuesto: Griet se pasa casi todo el metraje lavando, cocinando y fregando, incansable con los labios entreabiertos. Viste sencilla y recatadamente con el pelo siempre cubierto. Su belleza no se muestra de manera explícita y esa es la intención. El papel pasó antes por manos de Kate Hudson y Kirsten Dunst que al final optaron por otros proyectos, nunca sabremos si hubieran sido mejor opción que Scarlett. No lo creo tampoco. Ella demuestra ser una actriz versátil y sumamente verosímil en los roles que interpreta. Y, claro, se parece mucho más a "la joven de la perla" que cualquier otra.

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