La dramaturgia del gore

Una disputa que civilizadamente se resuelve con una cachetada, en el horror gore equivale a un navajazo del mentón al ombligo. Tropezar al andar nos puede costar una pierna quebrada en cuatro partes. La mala suerte no sabe de desgracias menos severas a ser infectado por un virus que pudre nuestra carne en vida. Descansar en paz significa renacer con vigor caníbal y vivir es encontrarse plásticamente con la muerte. Entre los que escribieron esta dramaturgia del gore está “Re-Animator” (1985).

Una serie de cuentos de H.P Lovecraft, "Herbert West: Reanimator", fue adaptado en la clave del gore y resultó una de las comedias más insanas de los ochenta. El tema es naturalmente la muerte, o más bien la resurrección, pero ambas llegan esparciendo sangre y vísceras. “Re-animator” declara su pertenencia a lo absurdo desde el primer segundo. Su juego es hacer duro humor macabro. Fue una de las primeras en pasar por alto el sobreentendido de que el gore funcionaba dentro de argumentos solamente enfocados en el horror. Es decir, efectos especiales que agregan horror gráfico a un film al que no le pagaron para hacer reír. En cambio aquí, el gore con su lógica retorcida es una forma extrema de parodiar las relaciones humanas.

El artificio es un suero de color verde fosforescente capaz de reanimar el cerebro de los muertos recientes. El escenario es un hospital donde, como en todos, por más electroshocks que se apliquen es imposible reavivar la línea que ya se puso horizontal. El arrogante Herbert West es el médico obsesionado por testear el suero re animador que aprendió de su maestro en Austria (¿otro invento de los nazis?). Daniel es un joven doctor todavía poco curtido en ver morir a sus pacientes. Su novia, Megan, es la belleza que, como el teatro del gore exige, estará en peligro de morir o de aparecer desnuda, incluso ambas cosas al mismo tiempo. Como miembros del mismo hospital, Daniel conoce a West, le alquila el sótano de su casa y resulta cómplice casi involuntario de sus experimentos. Utilizando el suero, West logra que un gato muerto continúe con sus maullidos agónicos. Luego se inmiscuyen en la morgue del hospital para intentarlo con un cadáver recién llegado. El cuerpo se levanta furioso con ganas de ahorcar a su resucitador. El verdadero problema empieza cuando el cadáver reanimado mata casualmente al padre de Megan. Para salir de aprietos West le inyecta el suero. Qué mejor manera de borrar un asesinato que reviviendo al muerto.

Mientras las cosas se van saliendo de todo control y el suero fosforescente va de un cerebro a otro, “Re-Animator” desarrolla ritmo y estilo tan efectivos que el disparate se convierte en obra maestra. En el terreno de lo absurdo lo que fue un experimento, demente pero científico, se desborda en la embriaguez de humor negro. Momento cumbre es cuando West degüella a su rival, el Dr. Hill, para impedir que robe su invento. Sin embargo, West no resiste la tentación de experimentar con un decapitado e inyecta el suero en la cabeza y el cuerpo. Lo más divertido será que la cabeza reanimada logra controlar su cuerpo de manera “inalámbrica”. Aquella cabeza se las arreglará para atrapar a Megan, a quien Hill deseaba en vida, para intentar despacharse en un cunnilingus sostenido por sus manos.

Stuart Gordon, director de “Re-Animator”, se formó en el teatro y los comics. Durante sus inicios como dramaturgo estrenó una pieza cuya meta era lograr que el público deseara abandonar la sala. Sin utilizar un argumento nauseabundo, simplemente aburriéndolo. El inicio de la obra se retrasaba, la temperatura de la sala se incrementaba y las puertas eran encadenadas, mientras que el contenido de la pieza era lo más estúpido posible. Luego produjo una versión de “Peter Pan”, inspirada en el movimiento hippie y la Guerra de Vietnam, que terminó con él y su esposa arrestados por obscenidad. Posteriormente se une al productor Brian Yuzna para probar suerte en el cine de horror y Ciencia Ficción. Ambos compartían admiración por H.P Lovecraft, lo que motivó su primer trabajo: “Re-Animator”.

La película tuvo dos secuelas dirigidas por Brian Yuzna, “Bride of Re-Animator (1989)” y “Beyond Re-Animator” (2003). Para mi sorpresa la primera empieza con West y Daniel nada menos que en el Perú, reanimando a los caídos de una guerra civil. Stuart Gordon ha anunciado que está en marcha una cuarta película, “House of Re-Animator”, en la que West es solicitado por la Casa Blanca para reanimar al Presidente. Otra hipótesis para explicar la estupidez de Bush: tal vez se trata de un zombi.

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Pesadilla doméstica

La trama de “La Mosca” es una de las más recordadas de todo el género de Ciencia Ficción. En 1986, David Cronenberg hizo su versión de “The Fly” (1958) y causó tal impacto que si algún día inventan la tele transportación, nadie olvidará rociar con insecticida las cabinas antes de cada viaje. ¿Cómo una proeza como la desintegración de la materia fue arruinada por una vulgar mosca doméstica? Otro argumento surgido del candoroso pesimismo de la Ciencia Ficción de los 50´s. La tecnología humana se había vuelto demasiado peligrosa como para estar en poder de humanos.

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El cielo gira

Seguramente en los tiempos oscuros de la Edad Media, cuando la Tierra era plana y estática por la voluntad de Dios, se pensaba que el cielo giraba sobre el horizonte, arrastrando consigo al Sol y con él, los días y las noches. Muchas vueltas dio el cielo antes que el hombre descubriera que no era el centro y que la Tierra era simplemente el escenario de nuestra ilusión por perdurar.

“El Cielo Gira” (2004) es un documental español de la directora Mercedes Alvarez, la última en nacer en un pueblo ahora al borde de la extinción. En Aldealseñor, de la comunidad de Castilla y León, sólo quedan catorce habitantes ancianos. Por un breve periodo entre los años 2002 y 2003, la cámara de Mercedes Alvarez tuvo la oportunidad de “arrancarle cuatro palabras” a los pobladores de Aldealseñor en su tranquilo trance hacia la extinción.

Aldealseñor ha sido pisado por los dinosaurios, primero, y por los caballos del Imperio Romano, tiempo después. En medio (y luego) una serie de asentamientos humanos han tenido lugar en el territorio que hoy momentáneamente se llama Aldealseñor. “El Cielo Gira” es, al mismo tiempo, un recordatorio del imparable devenir de la Historia y el reencuentro de la realizadora con sus recuerdos más lejanos, que son también parte de la vasta memoria del mundo.

Leí que en la ficción el director es Dios pero en el documental Dios es el director. Tal afirmación parece aplicarse plenamente en el “El Cielo Gira”. Un proyecto que se fue haciendo en el trayecto y que seguramente comenzó por sorprender a la propia realizadora. El documental se fundamenta principalmente en el registro discreto de la vida cotidiana del pueblo, donde es perenne aquel silencio de los lugares sin niños. Los ancianos conversan sobre quienes fallecieron, de las viejas casonas abandonadas, del vendedor de pan que pasa por allí una vez a la semana, pero también de asuntos “importantes” como la guerra en Irak y la posibilidad de vida en otros planetas.

Los habitantes de Aldealseñor se saben los últimos pero que después todo proseguirá. Cerca del pueblo se construyen edificios que atraerán gente joven y unos enormes molinos de viento no dejarán de girar. Incluso los partidos políticos, distraídos en sus recorridos de rutina, todavía pegan propaganda electoral en sus calles. El ruido de sus altoparlantes despierta a los ancianos y a los gatos.

Una de las cosas más notables, a nivel formal, de “El Cielo Gira” es haber capturado la paz de este retorno natural a la tierra. La cámara parece ser un ojo invisible y quieto que observa la vida con silenciosa humildad. Se mitiga magistralmente la regla según la cual la intromisión de la cámara conlleva necesariamente cierta perturbación de la realidad. Más bien por el contrario, “El Cielo Gira” crea la ilusión que este documental estuvo rodándose desde siempre.

El tono está marcado por el origen autobiográfico del proyecto. Según nos cuenta Álvarez, “El Cielo Gira” fue inspirado por la visión de una pintura que la trasladó al paraje parduzco, reseco y áspero frente al cual despertó durante los tres primeros años de su vida. La directora participa en el relato mediante monólogos en off que son reflexiones personales que otorgan al conjunto del film cualidades poéticas adicionales, junto a imágenes que ya son bastante elocuentes.

El artista Pablo Azketa, autor de aquel cuadro que desencadenó el proyecto, es también uno de los personajes. A pesar de su ceguera casi total, el pintor todavía se para frente al lienzo en blanco. Su presencia sugiere la inquietante metáfora de la lenta perdida de la visión como desvanecimiento de la memoria colectiva.

“El Cielo Gira” plantea que la duración de las sociedades humanas es fugaz, pero no lo hace de manera fatalista, sino en el sentido de morir para dar cabida a otra cosa. Al iniciar el film, una de las ancianas de Aldealseñor señala las pisadas que dejaron, hace millones de años, los dinosaurios cerca de su casa. La anciana los describe como enormes y solitarios, dominando el paisaje. Es tan fácil sentir que su remota extinción algún día también vendrá por nosotros.


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La Tetona de Fellini en versión cine-club

Noticia: La Tetona de Fellini ahora en versión cine-club. La casualidad que lo propicio fue que un amigo es ahora coordinador cultural de la Biblioteca Central de la Universidad en la que estudié, San Marcos. Así que ahí, en el cuarto piso, en la sala de conferencias, vamos a montar una salita de cine bajo la responsabilidad de quien escribe.

Me alegra especialmente que esto suceda en la Universidad de donde egresé como comunicador en el 2003, pues fue en San Marcos donde yo descubrí el placer interminable de apreciar el cine. En este momento muchos estudiantes están por hacer el mismo descubrimiento y me da gusto estar de vuelta para inducirlos en la adicción total. Esta sala, aún sin nombre (acepto sugerencias), tendrá una orientación a un cine que no llamaría “raro” pero si “alternativo” y poco divulgado. He visto que en la Universidad hay cine clubs con carteleras comprometidas, clasicistas o hasta comerciales, así que no vendría mal otra con un menú más zafado. En fin, algo así como el blog pero con ecran.

Sin embargo, el ánimo de muchos sanmarquinos no es muy relajado por estos días como para irse al cine. San Marcos es una institución con una tradición longeva, fue la primera que fundaron los españoles en América, y naturalmente desde siempre ha sido la Universidad estatal más importante del Perú. Por lo tanto, la comunidad universitaria es muy fuerte en defender su posición ante todo tema que la afecte. Sucede que desde hace años la Municipalidad quiere construir un anillo vial para descongestionar el tráfico de los alrededores pero para eso necesita terrenos que pertenecen a la Ciudad Universitaria. La actual rectoría cedió los terrenos, como pago de tributos en deuda, y las obras ya se iniciaron hace meses. Los estudiantes plantean que se puede rediseñar la obra sin necesidad de ocupar parte de la Universidad. Pero hasta ahora no hay acuerdos, la obra continúa y ya parte de los muros han sido derribados. El mes pasado una protesta de estudiantes fue reprimida ferozmente por la policía. La policía ingresó ilegalmente, y a punta de bombas lagrimógenas y garrotes, persiguió a los manifestantes incluso hasta el interior de las aulas de clases (!), para golpear y detener a varios estudiantes. Hace tiempo que en San Marcos no ocurría una cosa semejante. Así que se vive un clima de tensión por el peligro que la polémica se siga tornando violenta.

zona en conflicto

¡Y yo aquí con este proyecto! Pero, bien, en una Universidad siempre hay gente para todo y así debe ser. Absolutamente desligado de la coyuntura, como siempre, vamos a comenzar con un ciclo de cine de Ciencia Ficción de los 50´s. Hace un tiempo publiqué un Especial: “Los pasatiempos de la histeria” sobre este momento en la historia del cine, recolecté más de diez películas, leí y escribí bastante al respecto. Así que ya lo tengo todo listo. He elegido 5 películas para este ciclo llamado naturalmente: “¡Vigilen los cielos!” (no vaya a caerte una piedra). Dos de las películas no llegaron a entrar en el Especial porque todavía no habían llegado a mí y son: “El increíble hombre menguante” (1957) y “La mosca” (1958), deliciosos ejemplares del género que recomiendo sobremanera. La primera función es este jueves 19 de Junio, a las 5:00 pm en la Sala de Conferencias de la Biblioteca Central, ingreso libre. Aquí el afiche con la programación, pasen la voz (click para ampliar):

Si vives en Lima pero no estudias en San Marcos también estás invitado. Sólo tienes que dejar un documento en la entrada, decir que vas a la Biblioteca Central bastará, y ponerte a caminar hasta el edificio algunas cuadras. La idea es sazonar las proyecciones con algunas palabras previas para ponerlos en contexto y adelantarles que estas peliculas no eran inocentonas como parecen ahora. Keep watching the skies!

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La venganza se sirve fria

En los 70´s, después de años de lucha, el movimiento feminista logra implantar en el imaginario colectivo a un nuevo villano: el hombre que insiste violentamente en perpetuar la sociedad patriarcal que creó. El cine, ese gran reciclador, no podía desaprovechar aquella ola de indignación ante el maltrato a la mujer. Se produjeron infinidad de reacciones desde el cine culto o militante, pero quienes realmente dieron “escarmiento” a los machistas fueron las sensacionalistas producciones de Serie B. Los cinemas de medianoche tenían un nuevo subgénero en las marquesinas: el rape and revenge. Una interpretación explotation del movimiento feminista. Jóvenes inocentes que caen en la desgracia de ser violadas, por varios individuos, y no con poca brutalidad. Pero el trauma en lugar de paralizarlas despertaba en ellas una indomable sed de venganza que sólo era saciada cuando las cabezas de los agresores rodaban ensangrentadas por el ecran.

El film sueco “Thriller: A Cruel Picture” (1974) es representante de este subgénero. Como sus semejantes, utiliza una fácil coartada moral para justificar una explosión de violencia. Es decir, la inocencia, personificada en la protagonista, una vez ultrajada adquiere licencia para ejercer la crueldad. Es más, la platea espera con los dientes apretados que esta transformación resulte exitosa y que los malvados reciban el doble del daño que hicieron, creándose así una dudosa sensación de justicia. Pero hacer justicia no es tarea de policías, jueces o padres, que al fin y al cabo también son hombres y sólo pueden imaginar una experiencia tan traumática, sino de las propias víctimas, una noción apoyada por feminismo en los 70´s. La violación entonces, desde la visión retorcida de este subgénero, “empondera” a quienes la sufren. Pensandolo bien tal vez la idea no sea del todo descabellada. Recordemos que como reacción a generaciones de atropellos surge el feminismo, que en sus inicios era visto como un movimiento subversivo. Sin embargo, es evidente que en este subgénero queda poco margen para la reflexión. La ilustración del relato suele ser tan visceral como la indignación que producen los vejámenes contra la protagonista. Por otra parte, la agresión está individualizada. Los atacantes son escoria humana pero tienen nombres propios y reconocemos sus caras cuando estas, luego, se retuercen de dolor. Es decir, no hay crítica alguna al estado de las cosas. Pero sabemos bien que el explotation nunca quiso mejorar el mundo, simplemente hace espectáculos de sus vicios. Y es por eso que las feministas nunca aplaudieron alguna rape-revenge movie.

Precisamente de Suecia salió uno de los primeros antecedentes de este subgénero y nada menos que del respetadísimo Ingmar Bergman. Me refiero a la inolvidable “Junfrukällan” (1959), conocida en español como “La fuente de la doncella”. Si bien en esta película la víctima no puede hacerse cargo de la venganza, porque es asesinada, sino su familia; como espectadores nos invade la misma sed de sangre, alentada aquí además por el misticismo y la reflexión existencial, que quedará violentamente satisfecha. Varios años después uno de los asistentes que tuvo Bergman durante su clásica “Persona” (1966), llamado Bo Arne Vibenius, sería el director de “Thriller: A Cruel Picture”, una película que se encargaría de "hacer justicia" de una manera mucho más gráfica y menos pensativa.

Bo Arne Vibenius prefirió firmar con el seudónimo de Alex Fridolinski, al parecer ya sospechaba que su película sería totalmente censurada en su país. Por mucho tiempo circularon versiones recortadas de su película en los mercados del eurotrash. El principal interés era su protagonista, Christina Lindberg, la niña angelical del soft-core sueco. Tal vez este cuento de venganza habría quedado en el olvido sino no fuera hoy otra fuente de aquel amasijo de referencias que es “Kill Bill” (2004) de Quentin Tarantino. Tarantino se inspiró en la protagonista de “Thriller: A Cruel Picture” para concebir al personaje de Elle Driver, la tuerta.

En “Thriller: A Cruel Picture”, la violación será solo el primer círculo de un destino infernal. Siendo niña, Madeleine fue ultrajada por un viejo y el trauma la dejó muda. Vive sencillamente en la granja de sus padres y es objeto de compasión de sus vecinos. Un día al perder el bus acepta subirse al auto de un hombre de la ciudad. El hombre, complacido con su docilidad y que no pueda decir ni una palabra, la invita a un restaurante lujoso y luego a su departamento. Una vez ahí la duerme y comienza a inyectarle heroína. Al despertar, semanas después, Madeleine se entera que le esperan días horrendos. Ha caído en la trampa de un proxeneta que la obligará a prostituirse a cambio de la droga a la que ahora es adicta. Por si no fuera suficiente, cuando Madeleine araña la cara de su primer cliente, el caficho se lo cobra quitándole un ojo con un bisturí. En adelante usará un parche del color que haga juego con su vestido. Los padres de Madeleine han sido engañados por unas cartas enviadas por el secuestrador, donde les hace creer que su hija los odia y que ha escapado. En su primer dia libre, Madeleine sale en su busca pero se topa con otra desgracia: sus padres se han suicidado. Desde entonces Madeleine toma una determinación silenciosa para la cual, cada lunes, se entrena en artes marciales, manejo de armas y en conducir a alta velocidad. Soportará todavía más días de humillación pero cerca estará el momento en que sus crueles clientes y el proxeneta pagarán con sus vidas.

En estilo esta película resulta mucho más “fría” que “cruel”. Al parecer, hasta en sus producciones Serie B puede respirarse ese clima de silencio e inexpresividad del cine nórdico. Ningún maltrato logra que la víctima emita sonido alguno. Incluso la música incidental prefiere casi siempre quedarse callada. La secuencia de la venganza, en cuyo estilo algunos han visto un antecedente de “The Matrix”, es mostrada en cámara lenta: disparos de Madeleine vestida de negro, víctimas a quienes les explotan manchas rojas en la ropa y cadáveres que se desploman lentamente. Este estilo fue más bien un truco para lograr un resultado decente de una escena de acción contando con un presupuesto pequeño y baja destreza técnica.

“Thriller: A Cruel Picture” es también una película pornográfica. Su narración tranquila se ve trastornada, en las escenas de cama, por close-ups coitales que más bien causan extrañeza. Obviamente los insertos no fueron filmados por Christina Lindberg, una belleza que colmó con su desnudez tantas páginas centrales en revistas para caballeros y que luego encabezó carteles de cine erótico. Durante toda su carrerra intentó mantener a raya el gusto por lo explicito de los guiones que le enviaban. Durante la explosión del porno chic de los setenta, Christina Lindberg fue una de las actrices que prefirió ponerse la bata y marcharse. Gerard Damiano, el que llevó el porno a las primeras planas con su “Garganta Profunda” (1970), tuvo a Christina en uno de los proyectos que no culminó. Según la actriz, fue el mismo Damiano quien, quizá conmovido por su rostro inocente, le sugirió que abandonara el set pues se trataba de un film hardcore y ella parecía una “chica buena”. Lindberg se retiró del swedish erotica, fracasó como actriz formal pero encontró estabilidad como periodista. Tiempo después dirigió su propia película: un instructivo donde explicaba a los niños cómo
recoger champiñones por el bosque.

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La marcha de Sherman

Los escritores autoreflexivos de blogs personales, los impertinentes que van por la vida cámara en mano, los adictos a la “espontaneidad” del reality show y hasta los nostálgicos que atesoran videos familiares; tienen, sin saberlo, como progenitor creativo al director Ross McElwee. Pionero en el arte de filmarse el ombligo y, a partir de ahí, reflexionar sobre el hombre y su búsqueda de sentido. “Sherman´s March” (La marcha de Sherman, 1986), su documental más representativo, es más bien un proyecto “fracasado”. McElwee quería plasmar la campaña devastadora del General W. T. Sherman, durante la Guerra Civil, contra el separatista Sur norteamericano; pero sorpresivamente antes de comenzar su novia termina con él. Deprimido, McElwee viaja de todos modos al Sur natal, siguiendo los pasos de Sherman, pero esta vez padeciendo su propia expedición por reencontrar amor.

El cinema verité surgió en los 50´s como reacción a la artificialidad del cine de Hollywood. Sus partidarios cometían documentales que eran como viajes cuyos paraderos finales no estaban previstos en ningún guión. Los mensajes eran ambiguos y el destino de los protagonistas, inconcluso. En estas condiciones, la propia vida del realizador era otro recurso válido para intentar atrapar la realidad tal cual. Concebir tal audacia no era ilusorio pues, la tecnología nuevamente disparando la expresividad del cine, ya existían cámaras ligeras y, poco después, equipos portátiles para captar sonido directo. En los setenta, el estudiante Ross McElwee se interesa por este estilo, dejando atrás su primera vocación por la escritura. Sin embargo, la expresión literaria se haría presente en sus documentales. Su gran aporte sería justamente acompañar el relato fílmico, generalmente sobre sucesos de su vida y familia, con monólogos interiores que dan cuentan de las dudas existenciales del realizador en determinado momento. Si el cinema verité utilizaba lo personal como vehículo para alcanzar una verdad que trascienda el yo, el cine de McElwee es salir a buscar una verdad que yace en lo profundo de uno mismo. De esta forma, inusitadamente, el autor actúa al mismo tiempo como registrador y sujeto. Una cámara enfocando un espejo.

¿Se puede vivir y registrar la vida al mismo tiempo? ¿Se filma lo que se vive o, en realidad, se filma para tener una vida? ¿Es factible encontrar amor, si llevamos una cámara a todas partes? “Sherman´s March” es una pequeña Odisea, donde el autor naufraga entre interrogantes sin puerto a la vista. El documental se construye en base a lo inesperado. Incluso la idea original del film, seguir los rastros de la marcha militar de Sherman, resulta alterada por un hecho fortuito (el rompimiento con la novia) que cambia radicalmente las prioridades del autor. Para otros directores un hecho como este podría justificar el abandono del proyecto, para McElwee es el desencadenante para iniciar otro. ¿Pero de qué tratará ese nuevo proyecto? Ni él mismo lo sabe, se siente tan deprimido que le vendría bien abandonar Nueva York y viajar al Sur para visitar a su familia. A ver qué pasa. Mientras tanto, la cámara va registrando lo cotidiano o derrochando película, de acuerdo a cómo se mire.

En la casa familiar todos los miran como al bicho raro de la cámara. Algunas de las muchas mujeres de su familia hablan con él, a veces con la autoconciencia de quien se incomoda al ser registrado, pero más siéndose complacidas e intigradas por aquel desventurado y su ambiguo proyecto cinematográfico. Su hermana le da un sermón mientras pasean en bote. Tiene que poner en orden su vida, conseguir una mujer con quien casarse, dejar de molestar con esa cámara. La parentela lo incentiva a que salga con las primas casanderas. Pero Ross apunta su cámara a la Luna y graba un monólogo sobre las pesadillas que lo atormentan cada vez que está angustiado. Sigue viajando por el Sur, siguiendo de alguna manera la ruta de Sherman, que incluye lugares donde transcurrió su primera juventud. Se encuentra con ex novias, con mujeres de las que estuvo enamorado pero nunca pudo tener, con ex compañeras de escuela, en fin, mujeres que tal vez lo quisieron en el pasado y ahora podrían volver a hacerlo. Una bella aspirante a actriz que vive enamorada de un actor de Hollywood; una solitaria que se echa en topless en la playa, un antiguo amor que ahora vive con pasión su amor por otro hombre, y así. Ross las acompaña por unos días, las contempla con su cámara y parte a otro lugar cuando la confusión de sus sentimientos lo impulsa. Una noche, con unos tragos encima, Ross pone la cámara y habla acerca de Sherman. Nos parece estar oyendo a un viejo amigo hablar sobre su eterno proyecto frustrado.

Ross también se topa con personajes del Sur norteamericano donde el conservadurismo es parte de la identidad. Se encuentra con gente que vive aislada esperando el Fin del Mundo en la forma de una Guerra Nuclear. Cerca de allí encuentra un monumento donde están escritos consejos para que los sobrevivientes sepan cómo reconstruir la civilización. Quizá esto también es consecuencia de la marcha de Sherman, pueblos azotados en el pasado por el poder militar de su propio país, y que en tiempos de la Guerra Fría fueron los menos optimistas acerca del destino de la humanidad.

¿Por qué resulta interesante este viaje errático donde nada nos conduce a una conclusión? A pesar de ser una película larga, dos horas y media, el interés de “Sherman´s march” no decae en ningún momento. El director se tomó más de dos años en editar todo el material que filmó en cuatro meses. Las escenas son tan especiales en su simpleza que nos convencen que hasta nuestra propia vida puede estar rodeada de maravilla. Es interesante cómo el espectador logra rápidamente empatía con el autor. Sabemos que su búsqueda de amor está condenada al fracaso por el simple hecho de andar buscándolo cámara en mano. Es imposible resistirse a sus reflexiones autocompasivas, a su vocación por el fracaso amoroso, a su inseguridad romántica, la misma atracción que ahora nos impulsa a curiosear en tantos blogs personales o en supuestos “shows de la realidad”.


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La metamorfosis

Da la casualidad que mientras escribo en los cines se proyecta un blockbuster llamado “Iron Man”. Quizá sea superflua la coincidencia, la película hallada también alude en el título la naturaleza metálica de su protagonista. ¿Qué se puede esperar de “hombres de hierro”? Tengo entendido, según el tráiler, que en “Iron Man” (2008), ser “de hierro” es estar en la última moda en armamento, controlar el poder que otorga una superarmadura. Ejemplos mucho menos literales se encontrarán si fundimos el hierro con virtudes como la valentía y la firmeza, pero tampoco es este el caso. En ambas figuras, hierro es símbolo de poder. En la japonesa “Tetsuo, the Iron Man” (1989), el metal es metafórico y al mismo tiempo dolorosamente literal. Es la conversión sufriente de un hombre en una mounstrocidad metalúrgica. Los tempranos futuristas nunca imaginaron que su optimista canto al progreso y la máquina podía derivar, con los años, en una exaltación tan insana como esta. Desechos de revoluciones industriales atacando organismos humanos como un cáncer, transformando hombres en chatarra.

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