Así en el mar como en la tierra



No hay venganza más apasionadamente irracional como la de un hombre contra un animal. Quizá por eso el capitán Ahab perseguía con locura vehemente a la ballena Moby Dick. Si nuestro mayor enemigo no es humano, olvidemos lo que nos queda de razón a cambio de furia. Quién va de cacería debe convertirse en una fiera.

El capitán Steve Zissou, después de toda una vida haciendo documentales sobre los seres acuáticos, se ha topado con un adversario tenaz en el fondo del mar. Se trata de un “tiburón jaguar”, un ejemplar único de una especie desconocida y probablemente en vías de extinción, pero al fin de cuentas condenada por haber asesinado al mejor amigo del capitán. Así pues, impulsado por el deseo de venganza, Steve Zissou se embarca en su última expedición tras la misteriosa bestia. Pero, como gran amante de los seres marinos, primero intentará registrarlo en video para luego aniquilarlo con dinamita.

Steve Zissou (Bill Murray) es una suerte de Jacques Cousteau venido a menos. En el pasado fue una celebridad, una marca registrada, gracias a los documentales que realizó en sus años dorados. Sin embargo, hoy sus trabajos mediocres no cuentan con el mismo interés. En la búsqueda del “tiburón jaguar” ve la posibilidad de recuperar la atención y el respeto perdidos, y de paso vengar la muerte de su amigo. Durante la travesía pasa por mil peripecias en compañía de una tripulación de lo más pintoresca (con un irreconocible Willem Dafoe, en el papel de un marinero-camarógrafo, eslavo y pleitista). Se encuentra con Ned (Owen Wilson), presunto hijo de Zissou, y resiste el ataque de unos piratas filipinos.

“The Life Aquatic with Steve Zissou” (2005) es la última película de Wes Anderson, un joven director independiente norteamericano de la misma generación de John Thomas Anderson y Todd Solondz. Su película anterior, la excelente "The Royal Tenenbaums” (2001), recibió buena atención de la crítica y hasta una nominación al Oscar por mejor guión. Aquí Anderson retrata a una familia disfuncional donde hay una profunda enemistad entre el padre y los hijos. Sin caer en el mal gusto, Anderson logra hacer comedia con material que bien podría servir para varios dramas: el suicidio, el incesto, los traumas infantiles.

El humor de Wes Anderson es muy peculiar, apunta siempre al punto intermedio entre la carcajada y el llanto. Por momentos, el patetismo de sus personajes es tan extremo que no puede ser más que una buena broma, pero otras veces nos parece que realmente sufren pero igual nos reírnos aunque con una pizca de culpa. Es la clásica contradicción del humor negro. Deseamos torturar a la víctima pero no hasta matarla porque en el fondo nos cae simpática. Esto ocurre en muchas series cómicas y en los dibujos animados más mordaces. Y el cine de Wes Anderson tiene algo de tira cómica, de cartoon para adultos. En esta película, como en “Los excéntricos Tenembaums”, los protagonistas son caricaturas. Tenemos personajes que se definen rápidamente por una conducta obsesiva, la carencia de afecto, la pasividad extrema, la neurosis, o simplemente por una manera de vestir o un tic nervioso. Pero ninguno de estos detalles es sutil, por el contrario son subrayados una y otra vez para demostrar que cada quién carga con la cruz de sus propias excentricidades, para deleite de la platea, desde luego.

Sin embargo, a pesar de ser una propuesta de calidad, “Vida Acuática” falla por momentos en el desarrollo argumental. El inicio promete una trama interesante, la captura del “tiburón jaguar”, pero pronto lo que parecía ser el asunto principal resulta ser una más de las tantas ramificaciones. En su afán lúdico la película introduce escenas de diversa factura, inclusive una discordante secuencia de acción. Wes Anderson juega a forzar las convenciones, exagera su humor áspero, hasta llegar a planear situaciones que ya no resultan graciosas sino simplemente estrambóticas. Algo así como contarnos el chiste interno de un grupo de amigos al que no pertenecemos, y esperar matarnos de risa.

Al final de cuentas, “Vida Acuática” divierte más a partir de la sorpresa y el detalle, y no tanto con chistes efectivos. Más gracioso resulta ver el rostro impasible de Bill Murray que las frases de Owen Wilson. Más ingeniosas son las versiones en portugués de las canciones de David Bowie, que un marinero toca en varios momentos de la película, que la batalla a balazos entre la tripulación y los piratas.

En la puesta en escena, “Vida Acuática” parece tener alguna inspiración de “E la nave va" (1983) de Federico Fellini. El italiano ideó una comedia coral a bordo de un barco, a su vez tripulado por una sarta de locos. Tanto para Fellini como para Anderson, el barco no es un medio de transporte sino una pecera para la exhibición de las criaturas que contiene. Mientras el capitán Steve Zissou hace documentales sobre la vida de las malaguas, Wes Anderson hace lo mismo con él y su tripulación. El científico convertido en rata de laboratorio.

Otra semejanza interesante es que ambas películas llevan una envoltura de artificialidad. Fellini llega al extremo de revelarnos que dicho barco no sólo nunca ha zarpado sino que es una embarcación de utilería en un set de cine. Aunque Wes Anderson no lo afirma abiertamente, desde el principio notamos que a bordo del Bellafonte todo delata artificio. En este tipo de películas se establece un acuerdo con el espectador para que acepte que estamos en un mundo de cartón pues es la escenografía que esta comedia necesita. Si Fellini utilizaba láminas de plásticos para representar el mar, Wes Anderson, más sofisticado gracias a la tecnología, emplea animaciones en 3D para representar especies marinas. Recursos ambos al servicio de crear mundos irrealidades.


Cómo conseguirla

A diferencia de las últimas peliculas comentadas, esta la vi
en DVD. Tiene uno de los menus de presentación más hermosos
que he visto. Los compartimientos del Belafonte representan las
secciones del disco. Por lo demás, incluye comentarios
y alguno que otro extra. Nada de otro mundo.

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Sweet Sweetback's Baadasssss Song


Más molesto que inspirado, el director Melvin Van Peebles realizó una película infame. Harto del cine oficial, donde los negros eran apariciones sospechosas o, por lo menos, pintorescas; Van Peebles le mostró el dedo a los estudios con una suerte de western funky, protagonizado por el primer héroe negro del cine: el prostituto Sweetback. Dotado por natura con un pene de gran tamaño, codiciado en el mundo prostibulario por su talento para dar orgasmos, Sweetback no se duerme en sus laureles y distingue de qué color son los opresores y los oprimidos.

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El cachorro del gran gorila


Después de presenciar al gran gorila caer muerto desde lo más alto del Empire State, el público de "King Kong" (1933) salía del cine con una extraña sensación. La muerte del monstruo, la tranquilidad repuesta, también podía darte pena. Por si fuera poco, la película mostraba lo indecible: animales prehistóricos que además luchaban entre sí. Las masas reverenciaron al gigante Kong. El Hollywood de los treinta, ya experimentado en las posibilidades comerciales del cine, no perdía un segundo ni un dólar. Ocho meses después, con la mitad del presupuesto original, la RKO lanzó la secuela "The Son of Kong" (1933) y toneladas de pop corn saltaron de las ollas.

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La estrategia del caracol


Un día el director Sergio Cabrera encontró en el diario una noticia que fuera de Latinoamérica habría sido insólita. Una orden de desalojo demoró tanto en gestionarse que cuando las autoridades pudieron por fin efectuarla se dieron con la sorpresa que el edificio en cuestión, y sus ocupantes, habían desaparecido. Este hecho sirvió de inspiración para la película colombiana "La Estrategia del Caracol" (1993), uno de los films latinoamericanos más interesantes de la década pasada.

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This is Spinal Tap: rock cliché


La banda británica de heavy metal Spinal Tap sale de gira por Estados Unidos. Acaban de lanzar su último disco, "Smell the Glove " (huele el guante) y enfrentan problemas de censura con la portada: una mujer desnuda y en cadenas siendo abofeteada con un guante. El director de comerciales Marty DiBergi se une a la gira para hacer un rockumentary que, sin proponérselo, registrará la gran pérdida de popularidad de la banda. Aunque felizmente descubren que todavía tienen muchos fans en Japón.

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La destrucción de la carne


"Johnny got his gun" (1971) de Dalton Trumbo se salvó del olvido de la manera más inesperada. A finales de los ochenta, la banda Metallica graba una canción, "One", inspirada en esta historia y, para mayores señas, en el video clip incluye pasajes de la película. Toda una generación de adolescentes metaleros toma nota y a "Johnny tomó su fusil" lo condecoran "film de culto". No podía ser para menos, siendo el protagonista un soldado que ha perdido los brazos, las piernas, el oído y la vista. Una masa humana pensante.

La idea es perturbadora y, en teoría, posible. Sobrevivir con el mínimo de órganos vitales y encerrado en uno mismo. ¿Qué circunstancia nos puede llevar a semejante desgracia? Una guerra, naturalmente. La combinación de ambos elementos dio como resultado uno de los films antibélicos más feroces que se hayan rodado.

Basado en una novela de Trumbo, un libro casi subterráneo publicado en un momento tenso, poco antes de Pearl Harbour, el film estuvo cerca de ser dirigido nada menos que por Luis Buñuel. En los sesenta, el español estuvo interesado en llevarla al cine y hasta tenía el guión escrito. Pero Dalton Trumbo, guionista de "Espartaco", "Gun Grazy" y "Papillon" entre muchas otras, decidió debutar como director adaptando su propio libro. Nunca sabremos que habría sido de un argumento así en manos de Buñuel, probablemente Metallica no lo habría entendido.

El soldado norteamericano Joe queda terriblemente lisiado al pisar una mina durante la Primera Guerra Mundial. En la sala de operaciones, los médicos lo dan por vegetal y deciden conservarlo con fines educativos. Joe pasa las horas dopado y su rostro desfigurado está siempre cubierto. Paulatinamente, se va haciendo consciente de su horrorosa condición. Su mente despierta sólo para descubrir que ya no posee lengua, sus ojos se han ido y no es capaz de percibir sonidos, sólo vibraciones. Al principio tiene la certeza que se trata de un sueño, una pesadilla de trance al más allá. "Nadie puede estar vivo así. Esto tiene que ser un sueño" se dice. Los días pasan y las enfermeras, con las que es incapaz de comunicarse, no hacen más que inyectarle calmantes. En los momentos de lucidez, Joe intenta desesperadamente hacer contacto con el mundo exterior. Pero sus recursos son limitados, sólo puede mover la cabeza, para las enfermeras esa es la señal para aplicarle otra dosis.

Como vemos "Johnny got his gun" está llena de escenas muy potentes sin necesidad que el cuerpo mutilado de Joe sea mostrado. Sin embargo, por momentos el guión cae peligrosamente en lo alegórico por encima de lo narrativo. Ya de por sí la extrema situación de Joe puede verse como una metáfora bastante elocuente, aún así el director enfatiza algunas ideas para afilar su protesta contra la religión y el equivocado patriotismo, cómplices en conseguir más carne de cañón. Ronda también la pregunta de si es justo conservar la vida de un hombre despojado de su cuerpo.

Las drogas sumergen a Joe en una marea de recuerdos y alucinaciones. Se ve en la infancia cuando su padre le dijo que lo mejor que tenía en el mundo era una caña de pescar. Se ve con su novia, justo antes de alistarse en el ejercicio, pasando su primera noche juntos . Piensa en el sermón del sacerdote diciendo que el hombre no es carne, solamente espíritu. Y frente a la condición de Joe esta sentencia se vuelve una patraña embustera. Sueña siendo exhibido como un fenómeno por sus propios padres. Su voz llora y grita dentro de su mente, remotas sensaciones del mundo exterior comienzan a llegar, puede sentir la luz de sol cayendo solo él, aprende a diferenciar el día de la noche por la llegada de la enfermera y cuenta un año. Hasta que un día, después de un gran esfuerzo, logra hacerle saber que está consciente, que es un hombre muerto viviente.


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La joven de la perla: pintura en movimiento



De vuelta a las salas de cine. Ayer fue el estreno mundial del remake de “La profecía” y quizá la habría preferido si la entrada hubiera costado igual a cualquier otra en un día Martes. De todas maneras tuve que hacer una larga cola con los espectadores entusiasmados con verla justo el 6/6/06. Compré mi ticket para “La Joven de la Perla” y fuimos pocos en la sala, pero creo que salimos ganando. Por lo menos no tendremos mala suerte.

Sospecho que nuestros timoratos distribuidores pusieron ojo en “The girl with the pearl earring” (2003) por que la protagonista es Scarlett Johansson, una actriz de moda que dejó suspirando a tantos limeños, hace poco cuando fue vista en “Match Point”. Por la razón que fuera, se agradece que “La joven de la perla” esté en nuestras salas, una buena película que además necesita ser vista en 35 milímetros para máximo placer.

“La Joven de la Perla” de Peter Webber fantasea alrededor de la creación de una famosa pintura, el cuadro del mismo nombre del holandés Johannes Vermeer. Griet (Scarlett Johansson) es una adolescente que, cuando su familia cae en la miseria, se ve obligada a trabajar de sirvienta en la casa del pintor (Colin Firth). Como al parecer las labores domésticas eran más arduas en el siglo XVII y las relaciones entre pobres y ricos mucho menos cordiales, la pobre Griet saca y le sacan la mugre día y noche. Un día Vermeer se fija en ella y le permite ingresar a su taller, y de paso le pide que limpie un poco. Un día Van Ruijven, el mecenas de quien depende para vivir de su arte y mantener a su extensa familia, quiere ser retratado junto con la tímida Griet para que sea más fácil “soportar largas horas inmóvil”, pero todos saben que su interés es más carnal que artístico. Preocupado por Griet, Vermeer se niega y decide pintarla sólo a ella. La realización de esta obra tendrá dramáticas consecuencias para ambos.

Como no podía ser de otra forma, la lograda fotografía de "La Joven de la Perla" se inspira en las pinturas de Vermeer donde una luz cálida entra por las ventanas a los ambientes casi en penumbras. La película tiene momentos de tal delicadeza en el tratamiento del color y la luz que se aprecian como cuadros en movimiento. A esto se suma una ambientación de la Holanda del siglo XVII que no pierde cuidado en los detalles de vestuario y escenografía.

El guión, basado en una novela, se libra desde el primer momento de caer en cualquier romanticismo en la relación de Vermeer y Griet. Si bien los hechos que cuenta son pura imaginación, pues se sabe muy poco de la vida de Vermeer, se optó por el realismo y la historia pone énfasis en mostrar lo rígido y asfixiante que eran las diferencias de clases en aquella época. Esta presión dirige la conducta de las personajes: Vermeer sabe que no conviene ni siquiera hablar con una sirvienta y Griet desconfía de todo para prevenir los abusos. Al mismo tiempo, la película postula la idea que una obra maestra es resultado de una ruptura, así sea en pequeña escala es un acto arriesgado. En la película, Vermeer trabaja siempre por encargo hasta que, a pesar de la desaprobación de su familia, pinta a Griet y realiza un cuadro memorable.

Tal vez quienes desean otro bocado de la sensualidad que Scarlett Johansson mostró en "Match Point", quedarán algo insatisfechos con esta película. Su personaje está en el polo opuesto: Griet se pasa casi todo el metraje lavando, cocinando y fregando, incansable con los labios entreabiertos. Viste sencilla y recatadamente con el pelo siempre cubierto. Su belleza no se muestra de manera explícita y esa es la intención. El papel pasó antes por manos de Kate Hudson y Kirsten Dunst que al final optaron por otros proyectos, nunca sabremos si hubieran sido mejor opción que Scarlett. No lo creo tampoco. Ella demuestra ser una actriz versátil y sumamente verosímil en los roles que interpreta. Y, claro, se parece mucho más a "la joven de la perla" que cualquier otra.

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Café Flesh: el porno pop

La Tercera Guerra Mundial culminó con el terrible "beso nuclear". Como consecuencia de la radiación, la mayoría de los sobrevivientes, los "negativos", es incapaz de sentir deseo sexual. Cada vez que lo intentan se lo impiden las náuseas. Lo único que añoran es recuperar ese placer. Un escaso 1% de la población está conformado por los codiciados "positivos", capaces de tener sexo como casi cualquier mortal de hoy. Por ley, están obligados a "actuar" frente a las masas de "negativos" con el fin de inspirarles el deseo perdido. Para verlos no hay mejor lugar que el Café Flesh.

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Viaje a la luna: viaje a la semilla


La primera vez que vi la famosa imagen del rostro de la luna con un cohete incrustado en un ojo fue en un video clip de música pop que circuló por canal 7, a mediados de los noventa. Años después, la volví a encontrar en un libro de historia del cine, junto a ese otro ojo acuchillado por Buñuel, esta vez atribuida a la película "El Viaje a la Luna" (1902) de George Melies. El hallazgo fue doble: aquella era la primera película de ciencia ficción de la historia. La primera fantasía plasmada en celuloide que ojo alguno pudo ver.

Por fin, me ha tocado verla. En todo este tiempo leí cantidad de referencias en separatas universitarias y hasta un amigo que me la había contado de principio a fin (bueno, sólo dura catorce minutos), así que "El Viaje a la Luna" no podía venir con mejores recomendaciones.

"Le Voyage Dans La Lune" es un viaje a la semilla del cine, al tiempo en que nadie imaginaba que aquella curiosidad de feria sería llamada más arte "séptimo arte". Nadie, y tal vez ni siquiera el mismo Melies. Mago de oficio y vinculado al mundo del espectáculo, Melies había estado experimentando con el recién inventado rollo de cine y realizó una gran cantidad de cortos. En ellos comenzaban a balbucear los principios básicos del lenguaje cinematográfico y las primeras técnicas de efectos especiales. El montaje, las disolvencias, los fundidos dieron a este recién nacido arte sus primeros poderes. Pero cuando Melies realizó "El Viaje a la Luna", el cine reveló la mayor de sus armas: la representación de mundos irreales. Se nos ofrecía la posibilidad de ver situaciones que antes sólo podían ser soñadas.

Sin embargo, para nuestros ojos del siglo XXI, cansados de ver tantos sueños pasar, "El Viaje a la Luna" nos puede parecer el más ingenuo. En esta corta fantasía, vagamente inspirada en la novela "De la Tierra a la Luna" de Julio Verne, un grupo de barbones científicos discute una manera de llegar al astro. Deciden entonces construir una cápsula que será disparada por un gran cañón con gran potencia. Es delicioso el momento en que hacen el lanzamiento. Hay una ceremonia donde una escolta sostiene la bandera francesa, Melies no sospechaba quién ganaría finalmente la carrera espacial.

Naturalmente, el proyectil aluniza en el ojo del astro. Los científicos descienden y maravillados contemplan la Tierra en la lejanía. Pero los problemas no se hacen esperar, aparecen los hostiles selenitas: humanoides con tenazas en lugar de manos y que se desplazan con acrobacias. Por suerte el jefe de los científicos descubre que con el golpe de un paraguas los enemigos se vuelven literalmente humo. Gran momento para la platea: la primera "guerra de los clones". Al principio los bichos son doblegados a punta de paraguazos, pero acuden muchos y capturan a los científicos. Atados de manos, son llevados ante el Rey de los selenitas. Pero al parecer esos seres tan inconsistentes no son capaces de hacer buenos nudos y el jefe se libera, levanta el cuerpo del Rey y lo lanza contra el suelo. El Rey se hace humo.

Los científicos corren en retirada hasta la nave que desciende por un precipicio hasta terminar de vuelta en la Tierra. Pero, ¡atención!, el precoz ojo comercial de Melies deja la posibilidad de una secuela. Antes de caer, un selenita se prende de la nave y con él regresan a nuestro planeta.

Responsable absoluto de sus creaciones, Melies produce, dirige, escribe y hasta actúa en esta película corta. El manejo de la cámara es primitivo. No hay primeros planos, la cinta se compone de un serie de sketchs, con la cámara fija en plano general. Como se trata de un film mudo que además no tiene carteles, los actores enfatizan sus expresiones con gestos y movimientos exagerados. Tropezones y persecuciones son los recursos dramáticos más efectivos. La representación de la superficie lunar es alucinante: un terreno casi selvático donde los champiñones miden dos metros. Trucos fílmicos como la sobreposición y la desaparición de objetos (que hasta ahora no sé cómo se hacen), deben haber hecho las delicias del público.

En 1895, Lumiere filma a unos obreros saliendo de una fábrica e inaugura el cine, como medio para registrar la realidad. En 1902, el mago Melies hizo que registrara lo insólito y hasta ahora el mundo se lo agradece.

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El patio trasero del cine

Antes de Internet, antes del video, cuando el porno era cosa de barrios rojos, cines lleno de humo de cigarrillos y prostitutas a la salida, se estrenó la película "Deep Throat" (1970) en Estados Unidos. "Garganta profunda" era una película barata y mal hecha pero todos supieron que era un diamante en bruto. Registraba un acto insólito para las pantallas: la felación absoluta, un pene totalmente capturado por la boca de una mujer. La "hazaña" estaba enmarcada en una historia tonta y graciosa, con un título pegajoso. Los gringos se alocaron, el porno pasó al frente: espectadores, periodistas, sacerdotes y jueces no hacían más que preguntarse: ¿Ya viste "Garganta profunda"?

La historia es larga. La película fue perseguida y aclamada por igual. Unos la utilizaron como evidencia de que era necesario recrudecer la censura. Otros entendieron que el porno podía llegar al gran público y ser muy rentable comercialmente. Mientras que su director, Gerard Damiano, soñaba en un cine porno con ambiciones artísticas, aceptado como parte de la cultura, y capaz de lograr buenas erecciones en la platea.

Los demás tuvieron razón y Damiano se equivocó por ambicioso. La industria pornográfica pronto descubrió "lo que le gusta a la gente" y se dejaron de huevadas. Cuando aparecieron las videocámaras, y luego Internet, era claro que para saciar necesidades voyeuristas no era indispensable una cosa llamada "guión". Sí, pués, todos nos ahorramos tiempo, pero se empobreció un género cinematográfico.

Pero lo que les he contado es el final de la historia. En los años que siguieron a "Garganta Profunda", Damiano realizó uno de sus mejores intentos de "porno culto", "Memories within Miss Aggie" (1974), que al menos devino en "porno de culto" para algunos.

"Memories within Miss Aggie" es como si Bergman y Hitchcock hubieran ido a tomarse unos tragos y ya borrachos decidieran hacer una porno juntos. Damiano utiliza con ingenio las angustias existenciales del sueco y el truco del dato oculto del inglés, y el resultado es notable para un género donde la exposición de apareamientos humanos es lo principal.

La cinta se inicia de una manera que los espectadores del cine Colmena no tolerarían sin pedir que les devuelvan la plata. La vieja Aggie, vestida de negro, atravieza una colina nevada. En su casa, antigua y oscura, su marido, sentado en un sillón, escucha sus nostálgicos lamentos. Ella recuerda la primera vez que conoció a un hombre en ese desolado lugar. Aggie ha vivido bajo la más dura represión sexual, su madre la mantenía lejos de toda interacción con los hombres, hasta que un día se cruzó con un buen ejemplar en el camino. La tímida adolescente sigue de largo pero el extraño la llama. Cuando ya han entrado en confianza, Aggie le manifiesta un deseo. Sin apresuramientos llegamos al primer momento caliente del metraje. Filmado con sutileza, pero sin prescindir de uno que otro close up, el acto busca transmitir su tranquila emoción al descubrir el sexo.

Pero, no, la realidad es otra. El hombre del sillón le recuerda a la señorita Aggie que eso nunca ocurrió, es una de sus fantasías frustadas. Consciente de ello, ahora sus evocaciones están motivadas por la angustia. Las escenas de sexo son los delirios de una mente reprimida. La masturbación, el sexo oral, anal, la fantasía de ser una prostituta, todo momento sexual de la película tiene una carga tenebrosa.

Nota: Aquí iba a explicar cúal fue la idea de
Hitchcock en aquella borrachera, pero para eso debo contar el
final. Por si tú estás interesado en verla (ver "Cómo conseguirla" al final del post) no lo haré aquí sino en el último párrafo. ¡No lo
leas! Ahora continuamos.

Después de la cómica "Garganta Profunda", Damiano optó por hacer películas bastante dramáticas. Había hecho otra brillante cinta antes, "El Diablo en la Señora Jones" (1972), también sobre las represiones femeninas pero con un toque más surrealista. Antes de dedicarse al porno, Damiano fue peluquero y, según cuenta, descubrió que dentro de las cabezas de sus clientas existía una gran insatisfacción sexual. Y este fue un tema clave de inspiración a la hora de rodar películas, que al final luego eran vistas por hombres. Por esto, y siendo el mismo director un hombre, su enfoque del sexo es netamente masculino. Vigorosas felaciones y velludos coitos son secuencias obligatorias pero no abundantes. Y, desde luego, las mujeres deliran de entusiasmo. Mucho más que sus parejas, al fin y al cabo, estos sólo aportan un inexpresivo pene.

Definitivamente "Memories within Miss Aggie" no es una película que los grandes directores que la inspiraron estarían orgullosos de firmar, pero es una obra original e inteligente, salida del porno, el patio trasero del cine.

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El destino de Miss Aggie no podía ser más desdichado y perverso. Cuando al fin conoce a un hombre extraviado, a quién acepta alojar en su casa, Aggie cree que su soledad será aliviada. Pero él no tiene otro interés que un plato de comida y un lugar donde pasar la noche. En vano Aggie intenta convencerlo de que se quede. Él la rechaza y comienza a notar que está loca. Mientras duerme, Aggie decide hacer un homenaje a "El perro andaluz" de Buñuel y le clava un cuchillo en un ojo. En una clara alusión a la obra maestra de Hitchcock, "Psicosis", descubrimos que el cadaver momificado de este hombre es el misterioso interlocutor de la protagonista.


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