Tirate al mar y ahógate

Los adolescentes siempre serán admirados y temidos. Para el cine pocas cosas son más edificantes que la juventud perdida. Ya sea para su escarmiento o exaltación, el adolescente fue y será héroe en miles de fábulas. Para aquel que soporte el peso del futuro, más que del pasado; aquel que se desvela soñando con ser diferente pero que sufre por no parecerse a nadie, para todos ellos siempre habrá películas que canten sus penas o canciones que los pinten de cuerpo entero. O ambas cosas, como en este caso. Pete Townshend, el ambicioso líder de The Who, construyó su última ópera rock alrededor de un muchacho intranquilo de Londres, “Quadrophenia” (1973). Pocos años después, el debutante Franc Roddam adaptaría el relato, no en la forma de un musical, sino como una gran película en sus propios términos, “Quadrophenia” (1979).

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Viva la muerte

Las camisas azules ya desfilaban por las ciudades derrotadas. La guerra en España acababa de terminar y los vencedores se relamían por liquidar a sus últimos enemigos. “¡Viva la muerte!”, gritaban necrofílicos los altoparlantes en los pueblos. Tú, comunista, enemigo de Dios, que te escondes en un sótano, protegido temerosamente por tus familiares, te vamos a encontrar y te vamos a meter una bala por el culo. “Así tengamos que matar a la mitad de la población”. Un niño, llamado Fernando Arrabal, perdió a su padre. Fue llevado a prisión en espera del plomo. Por ahí dicen que logró fugarse, pero nadie lo volvió a ver. Mucho tiempo después, cuanto Francisco Franco y su régimen ya desfallecían de senectud, Arrabal realizó un film de vena surrealista inspirado en su infancia de pesadilla que nadie podría ver en la España dormida. “Viva la muerte” (1970).

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El mirón

“Peeping Tom” (1960) era una película aborrecible. La prensa gritó indignada: los responsables debían ser castigados, los negativos incinerados y su director apartado de su oficio. Un crítico dispuso que fuera lanzada a una cloaca, pero aún así, advirtió, seguiríamos percibiendo su hedor. Y así fue. Su “pestilencia” en lugar de disiparse es más intensa que nunca. Pero eso vino mucho después. En el mismo año en que se estrenó la clásica “Psicosis” (1960), el director Michael Powell lanzó su propia cinta sobre un psicópata. El problema fue que aquel lunático era aficionado al cine y cómplices de sus asesinatos eran todos aquellos que observaban, confortablemente hasta entonces, en la sala oscura.

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El triunfo del titiritero

Me pregunto cómo fue posible que no me enamorara de la niña Jennifer Connelly. Ella tenía 14 años y su rostro ya era la perdición para la cámara. ¿Será porque la conocí a través de un televisor pequeño y a blanco y negro? No creo. La razón es que a los ocho años ninguna niña puede ser más fascinante que aquella galería de duendes jaraneros y esas escenografías de pesadilla del film favorito de mi infancia, “Laberinto” (1986).

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La fascinación del sadismo

¿Cómo lidiar con el pasado que más ha asqueado a la gente consigo misma? Tal vez encontrándole un gusto retorcido a ese asco. Si hay películas que nos han golpeado la retina con severas representaciones del Holocausto, hubo otras que lo utilizaron como vago pretexto histórico para fantasear sádicamente. Olvídate de los desdichados con la piel pegada a las costillas y de la alienación de miles que abrazaron el nazismo. Olvídate de las razones y el después. “Ilsa, She wolf of the SS” (1974) te presenta a una comandante nazi, aunque cruel como ninguna, pero rubia, pechugona y ninfómana. La desnudez de los prisioneros no es de lamentar. Muchachas esbeltas con copiosas matas de vello púbico y buena disposición para resistir experimentos macabros. Con ustedes, el Naziexplotation. La misma misoginia, y más sangre, pero además esvásticas, cuero negro y retratos de Hitler.

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Metal y melancolía

Ese fue el momento que más me conmovió del documental “Metal y melancolía” (1993). Heddy Honingmann, su directora, con cámara de la televisión holandesa, va de taxi en taxi por la ciudad de Lima, captando historias de agonizantes de la clase media. En uno de los viajes, Honingmann se entera que tiene como chofer a Jorge Rodríguez Paz, un actor cuya cara se recuerda de roles secundarios como señorón achorado y autoritario. Ella, al principio, no le cree. Paz hasta se pone unos anteojos y, frente al volante, interpreta su personaje de “La ciudad y los perros” (1985), el apenado padre del Esclavo. Sí, es él. Salió en películas y televisión, pero aquí está, jodido como todos, una cara conocida haciendo taxi. Antes en la conversación, Paz le había preguntado a su pasajera si estaba interesaba en comprar unos lapiceros (“mire no son Parker, pero escriben igualito”) o unos alfajores que “son la muerte”. “Casi da vergüenza ofrecerlos”, se disculpa con vergüenza.

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No mires atrás

Ningún conflicto bélico ha sido tan fascinante para el cine como la Segunda Guerra Mundial. Será porque el cine mismo tuvo que combatir en ella como arma de propaganda o como reportero. En las más atroces batallas, al costado de las ametralladoras solían instalarse las cámaras. Mientras se apilaban cadáveres en los campos, hubo alguien que no pudo resistir el poder de la escena y la registró en celuloide para nuestro dolor futuro. Es la guerra mejor documentada. Hilter seguirá por siempre descendiendo del cielo en “El triunfo de la voluntad” (1935) y los prisioneros judíos seguirán elevándose al cielo como humo desde los hornos de cremación.

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Los juguetes de Zeus

Los dioses jugando con muñequitos de arcilla. Cada uno representa a un mortal sobre el cual caerá la fortuna o la ruina, según el ánimo del jugador. Me impresionó que con el mismo antojo con que yo fusilaba a mis soldaditos de plástico, en “Furia de Titanes” (“Clash of the titans”, 1981), matiné televisiva dominical de mi infancia, los dioses disparaban contra los hombres maldiciones y monstruos.

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La impura y la higiénica

El cine de Isabel Sarli y Armando Bó


Dicen que allá donde se intenta obstruir los placeres sensoriales, se goza mucho más con ellos. Nada es exquisito si antes no intentaron ocultártelo. Pero descuidado quien debía asegurarse que así fuera. En Argentina, una mañana un ventarrón hizo volar el brassier de la Censura y unas tetas generosas nadaron por una pantalla de cine. No se trataba de un enlatado procedente de algún país nórdico, era una hermosa mujer desnuda y nacional. Entonces el pueblo no permitió que se vuelva a vestir. Entrada bien la noche, reapareció muchas veces como “la tentación desnuda” o “desnuda en la arena”, siempre desnuda. En los boliches indecorosos, entre nubes de cigarrillo, se esperaba el próximo baño de la higiénica.

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Comisión desmiente y admite caos en gestión de Pozzi-Escot (al mismo tiempo).

(Agregado 5/03/2010) Pueden enterarse de qué se trata todo este lio con el reportaje elaborado por Jonathan Castro de La Mula. Abajo más detalles sobre la denuncia y una sospecha de por qué Pozzi-Escot se sigue saliendo con la suya.



Casi inmediatamente después de haberse hecho pública la denuncia contra la gestión irregular de Mario Pozzi-Escot, la oficina de imagen del Centro Cultural de San Marcos respondió mediante este comunicado:

Comisión Interventora desestima denuncias contra director de Cine y Televisión de San Marcos
En setiembre del año 2009, el equipo de Cine y Televisión de San Marcos, conformado por Verónika Rodríguez Trujillo, Andrés Mego López y Miguel Bonilla, presentaron una denuncia contra Mario Pozzi-Escot, Director de Cine y Televisión de San Marcos.
Malversación de fondos por concepto de cursos y talleres, malversación de fondos de Caja Chica y maltrato verbal al personal, eran los cargos.
Para resolver esta situación, el Director General del Centro Cultural de San Marcos, Lic. Carlos Del Águila, conformó un Comité Interventor que investigó las mencionadas acusaciones mediante reuniones con los implicados y recabando información financiera de tres fuentes: caja única del Centro Cultural de San Marcos, la empresa Audiovisuales e Informática (productora asociada con la que se realizaban los cursos y talleres) y los mencionados trabajadores de Cine y Televisión.
El Comité llegó a las siguientes conclusiones:
- Respecto a la acusación de Malversación de Fondos por concepto de cursos y talleres, el Comité no encuentra documentación probatoria, de ambas partes involucradas (tanto denunciantes como denunciado), que acrediten la denuncia efectuada. Más aún si tomamos en cuenta el informe presentado por la empresa Audiovisuales e Informática en el que efectúa un balance económico y muestra conformidad. Sin embargo el Comité, sí encuentra responsabilidad administrativa, en el Sr. Mario Pozzi-Escot, en su calidad de Director del Área y del equipo de trabajo a su mando, debido al desorden existente en el manejo de las mencionadas cuentas.
- Respecto a la acusación de malversación de fondos de caja chica se manifestó que los rendimientos de la caja chica fueron presentados a la Dirección General del Centro Cultural de San Marcos con normalidad hasta el mes de junio de 2009, pasando la documentación presentada todos los controles y verificaciones, tanto del Centro Cultural de San Marcos como de la Dirección General de Administración sin haber sido observadas en algún momento. Se debe precisar que el cheque de caja chica de julio de 2009 de Cine y Televisión no ha sido cobrado.
- Los testimonios presentados por ambas partes sobre el tema del maltrato al personal no pueden ser confirmados; más aún no habiendo sido presentados en su debida oportunidad a los órganos correspondientes para tomar las medidas preventivas del caso.
A continuación paso a explicar algunos puntos respecto a la “comisión interventora” que se ocupó del caso, la naturaleza de esta denuncia, las razones por las cuales consideramos que Pozzi-Escot no ha sido separado de su puesto hasta la fecha y publico algunas pruebas que pueden servir como ejemplo del “desorden existente en el manejo de las mencionadas cuentas”, según las palabras del CCSM, o simplemente de cómo Pozzi-Escot retenía dinero para sus “gastos de producción”, como le gustaba decir.

1- Desde el principio estuvo muy claro que aquella comisión tenía mucho de "burocrática" que de "investigadora". En lugar de convocar a una auditoría que es lo que debería proceder ante denuncias de este tipo, Del Águila optó por conformar una comisión conformada por: el Jefe de Mantenimiento del CCSM, la secretaria del Museo de Arqueología, un señor con un puesto no definido en la Dirección General y el asistente del Director General, todo esto con Carlos Del Aguila a la cabeza. En fin, la Comisión se tomó tres meses para dar un resultado, es decir justo lo necesario para cerrar el 2009 sin que Del Águila tenga que pasar por la molestia de despedir a nadie. Esta denuncia fue quizá la primera tarea de Del Aguila cuando asumió el cargo de Director General y nos hizo saber que a él lo que le interesaba era cerrar el 2009 sin complicaciones.

2- Es interesante recalcar que la nota de prensa del CCSM confirma lo que mencione en mi primera carta, es decir la Comisión ratifica el caos de su gestión. Es falso que nuestra denuncia no haya venido acompañada de pruebas. Nosotros entregamos copias de los cargos por dinero recibido de los alumnos que debían ser contrastados con documentos en poder de Pozzi-Escot y balances de la Caja Única del CCSM. Sin embargo, como dice la nota de prensa, el denunciado no presentó documentación alguna que demuestre su inocencia, prefiriendo en cambio aceptar que su administración es un desastre pero cuidando que no lleguen al detalle.

3- La Comisión no ha mostrado ningún documento que desmienta categóricamente nuestra denuncia. El informe de Audiovisuales e Informativa no se ha hecho público, ni se especifica qué cursos y en qué meses abarca. Además ¿cómo es posible que la comisión desmienta la denuncia y al mismo tiempo admita el desorden administrativo de esa dependencia? ¿En qué quedamos? Al parecer la comisión no se ha preocupado mucho en aclarar ese desorden. Sin embargo, aquí publico documentos que ejemplifican el proceder de Pozzi-Escot a la hora de rendir el dinero que ingresaba por cursos.

asistentes Taller de Escritura de Cineasistentes Taller de Escritura de Cine2informe de Audivisuales e informativa (taller de escritura de Cine)informe de caja (enero 2009)informe de caja (febrero 2009)informe de caja (marzo 2009)


4- Como pueden apreciar en esos documentos, en febrero 2009, Giovanna Polarollo dictó el curso de Escritura para Cine en la Dirección de Cine y Televisión de San Marcos. Tuvo 40 alumnos, como pueden apreciar en la lista de asistentes. Nadie que no pagara podía asistir a esas clases, Verónica Rodríguez tenía que asegurarse que así fuera. Es decir a S/.150 cada uno, da un total de S/. 6000 soles. De este total a la oficina sólo se le permitía retener el 50% para pagar al profesor pero vemos que se retuvo mucho más. Según los informes de la Caja Única del CCSM de enero y febrero 2009, se depositó 1000, en enero, y luego 700 en febrero. En marzo no se depositó nada por concepto de este curso. Es decir faltan S/.1300 ¿Donde fue a parar esa plata? Agrego también la carta de Audiovisuales e Informática informando haber depositado 1000 en enero por concepto de dicho curso. Este es sólo un ejemplo, si la Comisión se hubiera puesto a analizar curso por curso habría encontrado irregularidades semejantes y tendríamos una suma de varios miles de soles sin justificar. Prefirió en cambio conformarse con un sólo informe de Audiovisuales e Informática y no complicarse ante el desorden.

5- Respecto a las cajas chicas, no me sorprende que no hayan encontrado irregularidad alguna. Naturalmente si Pozzi-Escot le pedía a Miguel Bonilla, secretario de la dependencia y uno de los denunciantes, que le justifique los gastos mediante recibos de movilidad falsos. Esto fue expuesto a la Comision reiteradas veces, seguramente les habrá parecido demasiado trabajo ponerse a comprobar si aquellas movilidades se habían hecho en realidad. Además, vale mencionar, que la Caja Chica no puede estar en manos del Director de una dependencia, sino bajo la administración del secretario, como sucede en todas las demás oficinas del CCSM. Sin embargo a Pozzi-Escot le gustaba administrar hasta el último sol, mientras que nosotros no teníamos ni para pasajes y cada vez que le pedíamos algún dinero para los gastos cotidianos, nos respondía disgustado con “no hay plata”.

6- Respecto al maltrato verbal al personal, este siempre ha sido el aspecto que menos ha interesado a la Comisión, a pesar que Pozzi-Escot fue denunciado en el 2008 por el mismo motivo por la persona que anteriormente estaba en mi puesto. En su nota de prensa la CCSM minimiza este aspecto aunque es bien sabido por todos, incluso por Del Aguila, el carácter impulsivo y altanero de Pozzi-Escot. ¿A qué se refiere la nota de prensa con la denuncia de maltrato verbal "presentado por ambas partes"? ¿Pozzi-Escot también nos denunció por lo mismo? No entiendo. En fin, a pesar de que el trato de nuestro jefe era deplorable por su soberbia y autoritarismo, nosotros no lo habríamos denunciado si no hubiera ocurrido también todo el manejo irregular de dinero. Por lo que esta denuncia no respondía en absoluto a resentimiento alguno de nuestra parte.

7- Quiero recalcar que Del Aguila fue muy enfático, en más de una reunión con los denunciantes, respecto a lo caótica que es la gestión de Pozzi-Escot y, especialmente, que aquel no mantendría su puesto pasado el 2009. Del Aguila siempre nos pedía paciencia, argumentaba que aquel “era el procedimiento” y que finalmente se haría justicia. Sin embargo, al mismo tiempo y desde el principio de esta denuncia las autoridades del CCSM han intentado convencernos de regresar a la oficina de Cine y TV, trabajar como si nada hubiera pasado bajo las órdenes de quien habíamos denunciado. Aquí tenemos la carta del Director Ejecutivo del CCSM en aquel entonces informando que Pozzi-Escot se “allana a una relación laboral adecuada”. Es decir que nos hagamos los locos. Naturalmente no aceptamos esto y pedimos ser trasferidos a otras oficinas temporalmente. Mientras tanto Pozzi-Escot se la pasaba en la oficina, sin personal, inactivo y aferrándose a su puesto.

Carta Director Ejecutivo


8-    Grande fue nuestra sorpresa cuando una vez comenzado el 2010, Pozzi-Escot fue ratificado en su puesto. Sospechamos que esta decisión, que contradice la posición inicial de Del Águila, responde a lo siguiente: Denisse Pozzi-Escot, prima del denunciado y directora del museo de sitio Pachacamac, es colega cercana de Carlos del Águila, pues este ocupó el mismo puesto antes de pasar al CCSM al frente del departamento de Arqueología y en más de una ocasión Denisse Pozzi-Escot ha sido invitada a conferencias organizadas por esta dependencia. Es decir, sospechamos que a Del Águila le importó mucho más no quedar mal con su colega arqueóloga que limpiar la Casona de un director a todas luces incompetente. De otra manera no me explico esta tremenda falta de pantalones. Parece que si te tienen confianza como lo sugiere esta captura de su Facebook.

asistentes Taller de Escritura de Cine

9- Si una Comisión determina que una denuncia es falsa, como parece afirmar la nota de prensa del CCSM de manera nada convincente, los denunciantes deberían haber sido despedidos inmediatamente. Pero no, se les pidió en cambio que vuelvan a su oficina de origen y que todo sea armonía.

10- Por último, quiero recalcar que la única razón por la estoy haciendo esta denuncia pública es porque ya se agotó el camino formal, en el cual confiamos por bastante tiempo. A mí me da asco tener que relacionar mi nombre con esta denuncia y tener que utilizar mi blog para este tipo de contenidos (por lo que pido disculpas a los lectores). Pero no me queda otra opción y más puede la indignación de ver que una dependencia del Estado diseñada para promover el cine en mi país se desperdicie en manos de un director lamentable. Tampoco tengo ningún resentimiento personal en contra de Pozzi-Escot, a quien nunca tomé en serio pues su egocentrismo siempre me pareció de lo más risible. Sólo me interesa que aquella denuncia que comenzó en Septiembre 09, firmada por todo el personal que laboraba en esa dependencia, sea resuelta con justicia.

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Cine y Televisión de San Marcos necesita un nuevo director (uno que no se levante la plata)

Mi paso por la Casona de San Marcos, contado tan alegremente cuando asumí ese trabajo, tuvo un desenlace tipo "Nido de ratas". Pasó que en septiembre 09, mis compañeros y yo tuvimos que denunciar a nuestro jefe, hartos de su gestión deficiente y autoritaria. Recurrimos a la "justicia", en manos del nuevo Director General del Centro Cultural y luego de tres meses de mecida burocrática (fui exiliado al departamento Turismo y mis compañeros a otras oficinas), no pasó nada. Mario Pozzi-Escot, actual director de la Dirección de Cine y Televisión de San Marcos, sigue aferrándose a su puesto a pesar de haber sido denunciado por todo el personal a su cargo de utilizar dinero que no le pertenecia para sus propios fines, incluso una Comisión Investigadora del Centro Cultural se tomó tres meses para ratificar el desastre de su gestión. Incluso así, a Pozzi-Escot no quiere dejar su trabajo, tal vez sospecha que en vista de su baja calidad profesional y su dudosa ética dificilmente tendrá otra oportunidad en otra parte. Aunque quien sabe cualquier cosa puede pasar aqui.

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Juguemos en el bosque

Y yo que comenzaba a sentirme insensible ante el shock cinematográficamente provocado. Un día me encuentro, un segundo después de los títulos en francés, con dos caballos fornicando. Desconcertante hardcore equino: la vulva palpitante de la yegua y un falo del tamaño que no te imaginas, mostrados con la cercanía de quien se complace con la cópula humana. Después de esta poderosa escena de amor bestial, no queda duda que “La bête” (La bestia, 1975) invoca, de entre más oscuros tabúes, a la zoofilia. Pero no se trata del vicio de tu vecina por el cunnilingus incansable de su perro, sino del asalto carnal que habría cometido King Kong contra la frágil Fay Wray, de haber tenido varios metros menos.

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Los asesinos de la luna de miel

Mientras los códigos de censura decaían y los antihéroes reclamaban roles protagónicos, Bonnie y Clyde al fin perecían bajo un concierto de balas. Estados Unidos se volvió a enamorar de esta pareja de asaltantes bancarios, esta vez resucitados con la apostura de Warren Beatty y la belleza maliciosa de Faye Dunaway. Pero los serial killers no siempre fueron tan fotogénicos. Inspirada también en una pareja que hizo correr ríos de sangre y de tinta en el pasado, “Los asesinos de la luna de miel” (The Honeymoon Killers,1970) no estaba pensada para quienes gustaban del glamour de la violencia. Protagonizada por una mujer amargada que pesaba más de cien kilos y un latin lover fraudulento y angustiado por su calvicie, la película al principio no encontró más comprensión que la de aquellos que frecuentaban los cines de medianoche en busca de entretenimiento estridente.

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Un modesto apocalipsis

Repentinamente me acordé de esas siete esferas gigantes con siete púas como cuernos: una bestia vaticinada en el Apocalipsis. No sé porqué la imagen se paseó por mi mente, pero la agarré de los pelos y traje de vuelta a una de las películas para adultos que más me impresionaron en mi niñez. La vi por televisión en una hora en que se suponía los niños dormían. Recuerdo que, además de ciertas escenas violentas, me impactó su fatalismo feroz. Cuando el Diablo quiere algo no hay quien lo pare. “Holocaust 2000” (1977) es una película apocalíptica hecha en un tiempo en el que era comercial anunciar el fin del mundo para el 2000, yo la vi bastante después cuando el mundo estaba una década más cerca a su final.

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Postales de época

Jacopetti y Prosperi, aquel dúo de documentalistas italianos, habían dado vuelta al mundo buscando coloridas peculiaridades humanas para sorprender a una audiencia que poco imaginaba lo que podía ocurrir cruzando el Mediterráneo. En “Mondo Cane” (1962), su primer y mayor éxito, presentaron un estilo de documental mucho menos acomedido en conservar sereno a su público. Su cámara pretendía actuar como un sincero reportero gráfico de la crudeza de la naturaleza, pero eso sí, bellamente adornada con espléndida música y una fotografía excelsa. Frente a sus películas la indiferencia era imposible. Espectadores atacados por taquicardias y arcadas, las despreciaban con pasión. Otros quedaron culposamente fascinados ante la extrañeza que desafiaba a sus ojos. Para algunos de estos se creó después el “mondo”, la rama más torcida brotada del cine.

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Los triunfos y los fraudes

Orson Welles inició su carrera cinematográfica en la cima. A partir de ahí sólo le quedó descender por la pendiente impuesta por la antipatía hollywoodense contra este genio que no escupía monedas. Sus esfuerzos por completar otro film, a pesar de la permanente incomprensión de sus productores, tuvieron éxito por última vez con “F for Fake” (1974). Así como en su debut, su involuntaria despedida del cine también dio visos del futuro. “F for Fake” es una violación al género documental. Es un film sobre la falsificación y una película fraudulenta al mismo tiempo. Vestido de mago, ejecutando trucos ante unos niños, Welles nos promete que, durante una hora, no dirá ni una mentira en su relato sobre tres maestros del engaño.

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El secreto de la pirámide

¿Qué forma más elegante de homicidio que inducir a la víctima a encontrar la muerte por sí misma sólo para escapar de violentas alucinaciones? Un hombre engancha su sombrero en el perchero. Pero el sombrero salta de regreso a su cabeza y las formas de serpientes del perchero cobran vida para enganchar al hombre. Las lámparas también enloquecen e incendian la habitación. El hombre se libera pero preso del pánico se lanza por una ventana. Si tienes seis años y tu madre no puede explicarte bien cómo funcionan los “efectos especiales”, no hay forma de olvidar escenas como aquella. “El secreto de la pirámide” (1985), o “Young Sherlock Holmes”, intentó comenzar otra franquicia de cine para niños y adolescentes pero fracasó, y yo la vi sólo porque estaba en cartelera el domingo que me llevaron al cine. Pero después feliz habría ido a ver la secuela que nunca tuvo.

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“Se lo advertí, estúpidos”

“Se lo advertí, estúpidos” (“I told you so. You dammed fools”) era el epitafio que había pensado para sí H.G. Wells, un escritor que narraba el futuro. Este padre de la Ciencia Ficción ya lo había imaginado todo: extraterrestres catastróficos, paseos en el Tiempo, colonialismo lunar, mártires de la Ciencia y pesadillas en las que la civilización humana se quiebra por el vicio de la guerra. Masas de lectores seguían sus historias y esperaban ansiosos que en la próxima entrega la sensatez y la Ciencia salven al hombre de otro colosal aprieto del mañana. Naturalmente, el cine del futuro se ocuparía de representar a su antojo los sueños del viejo Wells, pero el escritor pudo en una oportunidad involucrarse profundamente en la realización de una película: “Things to Come” (La vida futura, 1936). Adaptando su propia novela, Wells contó las noticias de años que por entonces parecían muy distantes y que ahora están por llegar.

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El fantasma de la máquina

Donald Cammell no era en absoluto un artista indiferente a las preocupaciones de sus productores. Cuando su película, “Wild Side” (1997), fue reeditada y recortada por quienes temían que su narrativa no lineal y su excesiva crudeza sexual la hicieran invendible, el desilusionado Cammell tuvo otro buen motivo para pegarse un tiro en la cabeza. Así lo hizo, pero no murió de inmediato. Su mala puntería le otorgó 40 minutos de agonía consciente. Pidió a su esposa que sostuviera un espejo para que pudiese apreciar la película de su muerte. Dejó para el recuerdo cuatro cintas de una carrera de casi treinta años. Una de ellas, la que tenía en menor estima y realizó por encargo de un gran estudio, es “Demon Seed” (Engendro mecánico, 1977). A pesar de su desinterés por la Ciencia Ficción, o quizá por eso, Cammell dio al género una de sus obras más sustanciosas. Una supercomputadora y su empeño de procrear un hijo con una mujer. El “fantasma de la máquina” quiere sentir el sol en la cara.

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Sembrando cinefilia infantil

Febrero tuvo una interesante experiencia para mí. A fines del año pasado, preparando los cursos que la Dirección de Cine y TV de San Marcos ofrecería para el verano, me ofrecieron que dictara un curso de apreciación cinematográfica para niños. Mi primera reacción fue la del que piensa que la comunicación con niños requiere una paciencia invencible, un lenguaje pueril y una permanente sonrisa de oreja a oreja. Al pensarlo por segunda vez supe que teniendo como aliado y objeto de estudio al cine, mi supuesta incapacidad pasaría desapercibida. Así que acepté y lo ofrecimos junto a cursos de realización de ficción, guión y otras destrezas del cine, a cargo de gente mucho más experimentada que yo. La edades de mi alumnado (tal vez un intervalo disímil entre sí) estarían entre los 9 y 13 años. El costo sería de S/.100 soles, el más barato de todos los cursos. Pasó todo enero y no tuvimos ningún inscrito. Al parecer a los padres de familia no les parecía una inversión productiva que sus niños conozcan el cine, más allá de las salidas de domingo, en lugar de hacerlos sudar la gota gorda en actividades más edificantes como el futbito, el volley o simplemente atormentándolos con nivelación en matemática.

Al borde de la decepción, me propusieron que el curso se ofreciera gratis, como para ver qué tal sale. Dos semanas después ya teníamos 20 matriculados y hubieran seguido inscribiéndose si no hubiéramos puesto el tope ahí. Por un momento entré en pánico al ver que era inminente que estaría a cargo de 20 chiquillos por dos horas durante ocho clases. Pero las cosas salieron mucho mejor de lo imaginado. Para comenzar eso de enseñar cine a niños es un “juego de niños”. Lo primero que hice fue pasarles un cuestionario sobre sus preferencias cinematográficas y lo último que vieron en el cine. Aunque mayoritariamente están al tanto del cine de animación, hubo quien había visto “El sustituto” de Clint Eastwood. Imagínense, una niñita de 10 años, Daniela, cuyos “irresponsables” padres permitieron ver tremendo drama. Inmediatamente supe, lo que ya sospechaba, que los alumnos están tan familiarizados con el lenguaje audiovisual que un curso de apreciación debía ser un viaje hacia la diversidad que ese placer ya conocido tenía para ofrecerles.

Después de una clase introductoria en las que les presenté la primera sesión del cinematógrafo de los Hermanos Lumiere y un corto de vaqueros casi tan antiguo como el cine mismo (“The Great Train Robbery”,1903), las siguientes clases estuvieron dedicadas a los géneros: la comedia, la Ciencia Ficción, el horror y el musical. Para cada sesión preparaba diapositivas con conceptos de cada género que alternaba con fragmentos de películas representativas. También hubo una clase, con cámara en mano, sobre el lenguaje audiovisual. Culminamos con las técnicas de efectos especiales y el cine de animación. La respuesta de los niños fue bastante buena. Algunos participaban y en general no veía en sus caras lo que tanto había temido: expresiones de desinterés o aburrimiento. Y eso que es bien sabida la sinceridad de los niños.

Lástima que no todos los alumnos inscritos al inicio llegaron hasta la última clase. Quizá se debió a la poca importancia que le dan algunos padres a lo que no les costó abrir la billetera. En fin fue una gran experiencia que quisiera repetir y mejorar, por ejemplo, mi capacidad de improvisar en mis explicaciones. Estamos buscando otras instituciones o municipalidades que puedan estar interesadas en ofrecer este mismo curso a los niños de su comunidad. Que yo sepa esto no se ha hecho antes en Lima. Una herramienta de comunicación tan poderosa como el cine no se debe tomar a la ligera como pretenden hacernos creer lo que hacen películas “para niños”. Así que si trabajas o sabes de alguna organización que pudiera estar interesada, pásame la voz…

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Alicia y el porno musical

Un día la pornografía amable llegó a compartir cartelera con los grandes lanzamientos del momento. En 1977, como una acariciante alternativa para los que no acudían al cine con ganas de galaxias muy lejanas y esgrima de espadas de luz, 2oth Century Fox Australia exhibió, acompañando el estreno de “Star Wars” (1977), una peculiar versión de “Alicia en el país de las maravillas”. Si en una sala tenían lo más avanzado de la Ciencia Ficción, en otra se proyectaba la máxima ambición del porno: hacer un musical. “Alice in Wonderland: An X-Rated Musical Fantasy” (1976) es una película insólita, una ebria colisión de géneros sólo posible en los 70´s. Después de la cópula, no seguía el cigarrillo sino el deseo incontrolable de cantar y bailar.

A mediados de los 70´s ya no era extraño que una película con fines excitatorios fuera referida en los periódicos y se exhibiera en salas que no necesariamente pertenecían a la zona rosa. En Estados Unidos, el “porno chic” ya era accesible al gran público. Favorecido por la gran publicidad que da la controversia y la simpatía de los críticos por su atractiva desobediencia, el porno dejó de ser anónimo y a los espectadores les importaba un poco menos que los reconocieran a la salida del cine. “Alice in Wonderland” da fe de aquel esplendor perdido. Una producción de ese nivel no se había visto antes en el género. Un clásico cuento de la literatura infantil interpretado por desnudistas cantantes y animalitos libidinosos. Era algo imposible de resistir y el público acudió en tropeles a los cines. Pero congregaciones tan grandes frente a la piel desnuda en celuloide estaban próximas a disolverse. El videotape esperaba a la vuelta de la esquina y con él el porno se haría más popular que nunca gracias al propicio anonimato de su espectador.

“Alice in Wonderland” (en español conocida como “Alicia en el país de las pornomaravillas”) era obra de Bill Osco, un productor que había tenido éxito con largometrajes de porno suave. Su película anterior era una parodia de Flash Gordon, con prolijos efectos especiales y obscenidades, adulterada como “Flesh Gordon” (1972). Para continuar necesitaba otro relato de la cultura popular, libre del pago por derechos de autor y que se preste para la cochinada. Lewis Carroll se retorcía en su tumba mientras Osco hacía de su clásica novela la nueva curiosidad musical del porno. Aunque del tipo suave, pues si bien se rodaron algunas escenas de sexo explícito, estas no fueron incluidas en el producto final para lograr una certificación que le permita venderse mejor. Fue todo un éxito de público, tanto así que la 20th Century Fox adquirió sus derechos de distribución para sacarle más jugo. La crítica también la celebró a carcajadas. Sin el material hardcore, “Alice in Wonderland” lucía como un cuento picaresco más que complaciente con el ojo y, para el género al que pertenece, más que ingenioso en sus diálogos. ¡Además tenía canciones!

En todo cuento infantil no debe faltar la inocencia. En este caso Alice es una jovencita, soñadora, cohibida y bibliotecaria, que se resiste a entregarse a su novio (que trabaja en una gasolinera). Cuando, frustrado, el novio abandona la escena, Alice empieza a cantar sobre cómo siempre se pierde la diversión a pesar de ya estar bien crecidita. Acto seguido hace su aparición el consabido conejo, con unas orejas que parecen parte de su barba, que atraviesa el espejo y tras él Alice, esta vez hacia un mundo donde el sexo no viste nada de vergüenza. Alice toma una pócima para empequeñecer, pero naturalmente su vestido no se encoge por lo que se cubrirá apenas con lo que tenga a mano. ¿En qué otro musical puedes observar generosos asomos de pezones y vello púbico mientras la cantante ejecuta su número? En el país de las maravillas, Alice se encontrará con una serie de personajes extravagantes y con disfraces no identificables que, entre canciones y coreografías torpes, le enseñarán lo bien que se siente cuando te dejas llevar por la piel. Unas piedras parlantes serán testigos de su primera masturbación, será invitada a tomar el té y luego adiestrada en felación, conocerá el lesbianismo, el “interracialismo” (por acción de un caballero negro) y hasta jugueteará con una parejita de hermanitos incestuosos. Todo para que a su regreso, su novio se lleve una magnifica sorpresa.

Gustó de “Alice in Wonderland” que su gruesa irreverencia no fuera tan a la par con sus imágenes, por lo que resultó un entretenimiento muy grato, quizá hasta familiar. Durante la emoción de los 70´s por la fantasía del amor libre y el dejar salir cualquier extravagancia, no podía ser menos que apreciada una criatura como esta. Pero lo que hacía que volvieras al cine a verla una y otra vez era la bellísima actriz en el papel de Alice, Kristine DeBelle. Hubo un crítico famoso que cayó rendido y en su reseña proclamó que DeBelle tenía gran potencial tanto en el porno como fuera de él. Es que su deliciosa carita de inocente, sus mohines, sus bucles rubios, la propensión por el desnudo de su espigado cuerpo y la soltura de lengua para el diálogo picaresco, eran anzuelos certeros para pescar audiencias masculinas.

A pesar de la gran impresión que causó al principio, el futuro de DeBelle como actriz no sería muy afortunado. Por más taquillera que hubiese resultado su primera película era del tipo de las obscenas y ninguna actriz de respecto podía salir de ahí. Por eso DeBelle si quería triunfar en el mainstream debía comenzar desde abajo, soportando quizá la desventaja de ser una mala candidata para la notoriedad, debido a su experiencia previa. En los años siguientes, el nombre de DeBelle se perdía en la lista de créditos de películas protagonizadas por actores como Richard Gere o Barbara Streisand. Aunque había obtenido uno que otro rol con más de una línea de diálogo, en 1979 recayó en el soft-core, nuevamente a las órdenes de Bill Osco, en una lamentable película llamada “Cheerleader´s Wild Weekend” donde ni siquiera aparece desnuda. En 1980, fue co-estrella junto a Jackie Chan en una película que no le gustó a nadie (The Big Brawl). En la televisión le fue mejor pues obtuvo un rol de cierta importancia en una telenovela gringa muy popular (The Young and the Restless). Pero justo en ese momento, cuando su rostro brillaba en la caja boba y en horario familiar, su pasado x-rated reapareció de manera brutal. Con la llegada del video, Bill Osco relanzó “Alice in Wonderland” incluyendo aquellos insertos hardcore que tenía guardados. Todavía lejano estaba el tiempo en que si a una celebridad le descubren un video haciendo una felación, su popularidad llegaría hasta la cima. Pero para la pobre Kristine DeBelle una cosa así sólo podía ser devastadora. Aunque no toda la pornografía agregada había sido actuada por ella, era evidente que sus labios se han posado en penes y vulvas y sus dedos la habían masturbado frente a cámaras. Se dice que la versión “extendida” perjudica bastante la frescura del film original, y quizá tengan razón. Se dice también que despidieron a DeBelle de la telenovela. Siguió probando suerte pero los papeles que obtenía eran cada vez más insignificantes, tanto que alguna vez su participación terminaba en el tacho de basura de la sala de edición. Para finales de los 80´s se retiró del cine y la televisión completamente y no se supo más de ella.


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